Psicología/Psiquiatría

Daño Cerebral: ¿Por qué mi marido, ya no es mi marido?

“Desde aquello está diferente, es egoísta y mal hablado. Antes era atento, no un marido perfecto, pero si un buen marido. Ahora siempre está malhumorado y es tremendamente irritable. Doctor, es insufrible”.

 

Phineas Gage fue un obrero de ferrocarriles que trabajaba en una localidad de Vermont, Estados Unidos. El 13 de septiembre de 1848 él y sus hombres se disponían a construir la vía de ferrocarril de Rutland &Bulrington. Para ello debían perforar la roca y así permitir el paso de la vía.

Gage fue el encargado de preparar la dinamita. En un agujero en la roca debía depositar pólvora y arena ayudándose de una barra de metal. En ese proceso saltó una chispa inesperada provocando una explosión que lanzó a Gage a 20 metros del lugar de donde estaba. Sus hombres, fueron a socorrerle. Se lo encontraron tendido en el suelo inconsciente y con la barra de metal incrustada en el cráneo. La barra, de un metro de longitud y 3 centímetros de diámetro, trazaba una diagonal desde la mejilla hasta la parte superior de la frente.

Lo más sorprendente fue como Phineas Gage recobró el sentido a los pocos minutos. Incluso fue él mismo, con su propio pie, quien entró en la consulta del Dr Harlow y dijo, señalándose la cabeza: – Tiene mucho trabajo aquí, Doctor –

Tras diez semanas, Gage había recuperado su funcionalidad y parecía no tener secuelas: hablaba y caminaba como antes. Sin embargo, su entorno aseguraba que algo sí había cambiado: su personalidad.

¿Por qué la personalidad de Phineas cambió? La barra de metal atravesó el lóbulo frontal, justo el lóbulo que tenemos tras la frente y los ojos. Ahora sabemos que es la parte del encéfalo más compleja y la que más tarda en desarrollarse. Algunos autores aseguran que la maduración del lóbulo frontal no llega a su totalidad hasta los 20 años.

¿Ahora bien, en qué está implicado el lóbulo frontal? En el lóbulo frontal existe una región llamada: prefrontal. Es el área más anterior de nuestro encéfalo y la protagonista en la historia de Phineas Gage. El área prefrontal se divide a su vez en 3 regiones específicas: córtex dorsolateral, córtex orbitofrontal y córtex ventromedial. Cada una de estas regiones está implicada en aspectos de la personalidad y de la emoción. Por tanto, dependiendo del lugar de la lesión, encontraremos rasgos de personalidad más depresivos (como la apatía o la anhedonia) o rasgos de personalidad más psiquiátricos (como la euforia, la impulsividad o la irritabilidad). De forma concreta, si nos lesionamos el córtex orbitofrontal podemos encontrar síntomas como falta de control inhibitorio, inadecuación en el contexto social, desinhibición o falta de juicio social. Mientras que si nos lesionamos el córtex dorsolateral encontraremos síntomas como dificultad en la planificación, en el planteamiento de objetivos o nula organización para llevarlos a cabo. Finalmente, si la lesión se encuentra en la región ventromedial la expresión clínica será de falta de toma de decisión, alteración en la regulación emocional y marcada apatía o falta de iniciativa.

Phineas Gage pasó de ser un capataz cordial y cumplidor a un personaje impulsivo, sin planes de futuro y altamente inadecuado en el contexto social. Dejó de ser cauto y pasó a ser un derrochador, gastando su dinero en el juego. Pocos meses después del accidente perdió el trabajo en la obra. Consiguió un puesto en el circo, donde exhibía con orgullo sus cicatrices y la famosa barra de metal que le atravesó el cráneo. Gage vivía al día. Pasados unos años se mudó a Chile donde trabajó de conductor de carruajes. Al final de su vida volvió a su ciudad natal donde acabó por deteriorarse. Finalmente murió doce años después del accidente, totalmente dependiente de sus familiares.

La sintomatología descrita es lo que actualmente conocemos como Síndrome Prefrontal. Como dijo Teuber el Síndrome Prefrontal puede generar una amplia gama de síntomas, desde crueles alteraciones en el carácter a leves cambios en el estado de ánimo que pueden ser indetectables uno o dos años después de la lesión.

El caso de Gage ha servido a la comunidad científica para identificar la función del córtex prefrontal, hasta entonces desconocida. Actualmente su cráneo está expuesto en la facultad de medicina en la Universidad de Harvard, en Boston. Por desgracia, no se hizo ninguna autopsia del cerebro por lo que se desconoce el área concreta de la lesión. Recientemente, Antonio y HannaDamasio, han reconstruido tridimesionalmente la lesión a partir de la técnica brainvox, orientando la localización en la región ventromedial.

El famoso caso de Phineas Gage sirvió hace décadas a la comunidad científica para dar a conocer la implicación del lóbulo frontal en la personalidad. Ahora, nos debe concienciar, a nosotros, a las personas que convivimos con personas de que el Daño Cerebral existe. Que a pesar de que es invisible a nuestros ojos, existen personas con grandes dificultades para reinsertarse en la sociedad y con pocos, poquísimos recursos para ello. Actualmente siguen existiendo “Phineas Gage”. Causados, no por una barra de metal, sino por razones del siglo XX: accidentes de coche, caídas en bicicleta o peleas. Pueden hablar y pueden caminar, aparentemente todo está bien. Sin embargo, la realidad de una persona con Síndrome Prefrontal es muy diferente. Tendrá dificultades para hacerse la cena o para hacerse la lista de la compra. Serán impulsivos, dificultando la constancia en un mismo puesto de trabajo e incrementando la tendencia a meterse en problemas.

Con esto quiero dar a conocer y concienciar de que a pesar de que El Daño Cerebral es invisible a nuestros ojos, existe y es altamente invalidante.

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Maria Garau

5 comments

  1. Di Vagando 10 Febrero, 2017 at 20:40 Responder

    Hola María y Utepiliantes!

    Muchas gracias y muy interesante el artículo. Como dices, abre un montón de cuestiones para la reflexión. Por ejemplo, qué responsabilidad personal y legal tienen estas personas? Pongamos (como ocurrió) q alguien desarrolla un tumor prefrontal q le hace desinhibido en el plano sexual, y se pone a abusar de ninios. Dónde queda la responsabilidad del individuo?

    Un abrazo

    di

  2. Maria Garau Rolandi 14 Febrero, 2017 at 22:45 Responder

    Hola Di,
    La reflexión que propones es realmente interesante…y necesaria!
    Existe la figura del psicólogo forense, quien se dedica a evaluar las funciones cognitivas, emocionales y conductuales del acusado. Sin embargo, desconozco la actuación de la ley ante estas situaciones.
    Como tú dices, nos tenemos que plantear nuevos retos y concienciarnos de la existencia de estos casos.

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