El sábado 23 de mayo de 1981 Barcelona disfrutaba de un cálido día de primavera. El turismo aún no había inundado las calles de extranjeros molestos, pero las Ramblas estaban llenas. El Fútbol Club Barcelona había terminado una mala temporada en la quinta posición, los diarios continuaban ofreciendo partes del estado médico del Papa Juan Pablo II, tiroteado en la Plaza de San Pedro diez días antes. La radio repetía una y otra vez Amar es algo más, del venezolano José Luis Rodríguez el puma, que acababa de arrebatar el número uno en las listas de éxitos a José Luis Perales.

A las 9 y media de la mañana, un grupo de hombres armados irrumpió en las oficinas del Banco Central en la Plaza de Cataluña. Dispararon al techo, inmovilizaron a todo el mundo en el interior y cerraron la puerta detrás de sí. Minutos más tarde, toda la Plaza había sido desalojada y las Ramblas cortadas por efectivos de la Policía Nacional.

Los robos en sucursales bancarias suelen ser rápidos. Los atracadores entran con conocimiento de qué van a encontrarse dentro, de cuánta gente puede haber. Planean pasar el menor tiempo posible en faena y salir cuanto antes con la mayor cantidad de dinero. Es lo más lógico. Sin embargo, los asaltantes del Banco Central esperaron a que el blindado de la compañía retirara el dinero que había venido a buscar, entraron en el banco una vez se hubo ido y permanecieron 36 horas en su interior. Pero esta es la menor de todas las incongruencias de la historia.

Media hora después de entrar, los asaltantes llaman a la policía para indicar que en una cabina telefónica de la Plaza encontrarán un sobre con sus reivindicaciones. La policía recoge el sobre y en su interior encuentran un panfleto ultraderechista: se exige la liberación de los militares arrestados por su implicación en el golpe de estado del 23 de febrero y muy especialmente la de nuestro valiente coronel Antonio Tejero. También dos aviones preparados: uno en Barajas para llevar a los militares a Argentina y otro en El Prat, con el mismo destino, para los propios asaltantes. En el banco hay cerca de 300 personas retenidas, y los secuestradores aseguran que matarán a diez de ellas para empezar y a cinco más cada hora si sus exigencias no se atienden.

Leopoldo Calvo-Sotelo es el presidente del gobierno desde hace solo un par de meses. Fue en su segundo intento de investidura cuando Tejero entró a tiros en el Congreso. Está al frente de un partido que se desintegra en un país que no gana para sobresaltos; ETA ha asesinado 14 personas en lo que va de año, el golpe de estado levanta sospechas y el temor de nuevas acciones armadas, el GRAPO acaba de asesinar a dos generales en Madrid. Aconsejado por su gabinete de crisis, se pone en contacto con Tejero en prisión. El golpista niega cualquier relación con el atraco y añade que en ningún caso va a subirse a ningún avión. Cuando el Gobierno traslada esta negativa a los asaltantes, ofrece a su cabecilla comunicarse personalmente con él para que se lo confirme. La respuesta desde el banco termina descolocando a todo el mundo: yo no hablo con traidores.

Documentación: Mari Luz Alonso. Infografía: Estudio Sicilia

Las cosas quedan así: un banco con cientos de rehenes encañonados por hombres armados. Un asalto que parece una operación de extrema derecha para liberar a los golpistas. Unos golpistas que rechazan ser liberados. Un portavoz de los asaltantes al que parece darle igual. Comienzan a pasar las horas.

Los asaltantes acceden a liberar a diez rehenes a cambio de comida y tabaco. La cruz roja hace el intercambio y debe evacuar a uno de los liberados, herido de bala. Después, nada más. En la sede del Banco de Bilbao, al otro lado de la Plaza, el Gobierno ha establecido su puesto de mando. El Director de la Guardia Civil, el general Aramburu Topete, está allí con el Delegado del Gobierno y los mandos policiales y militares. Analizan grabaciones de las conversaciones telefónicas con el que se hace llamar número uno, el hombre que está al frente del asalto. De pronto alguien asegura reconocer su voz; parece la del capitán de la Guardia Civil Gil Sánchez Valiente, en busca y captura desde el golpe. Llaman al banco exigiendo hablar con él, pero número uno responde que no puede atenderles en ese momento. En realidad Sánchez Valiente no está allí. No reaparecerá hasta seis años más tarde en Miami.

Cae la noche. El banco sigue rodeado por la policía, hay tiradores en las azoteas próximas y el mando policial ya ha decidido meter al Grupo Especial de Operaciones en un edificio contiguo para preparar un asalto. Porque el tiempo sigue pasando y parece que ya nadie sabe exactamente qué quiere número uno. Se escuchan golpes, parecen proceder de los sótanos del banco. Los asaltantes intentan, sin éxito, abrir un túnel.

A la mañana siguiente, una tanqueta militar se aproxima por la Plaza. Lleva un equipo de megafonía desde el que invita a los asaltantes a entregarse inmediatamente. Tan pronto se acerca al banco, comienzan a oírse disparos. La tanqueta abandona la Plaza a toda velocidad. Número uno llama cabreado a la policía: otra intimidación y comenzará a ejecutar gente.

Se negocia una segunda entrega de comida. Los asaltantes dejan salir a más rehenes. Horas más tarde el Delegado del Gobierno en Cataluña acude hasta el banco acompañado por el Director General de la Policía, ambos son cacheados y entran. Una hora después abandonan el edificio. Nadie sabe de qué han estado hablando ahí dentro. De pronto, se abre la puerta del banco y un asaltante, cubierto con un pasamontañas, aparece encañonando al responsable de la caja. Tiene la pistola apoyada en su cuello. Con el rehén como escudo, se pasea por las inmediaciones del banco, baja hasta el inicio de la Rambla y se da un paseo hasta un quiosco de prensa. Luego regresa tranquilamente al banco.

Pero el desenlace se precipita: un tirador de la policía abate a otro asaltante que había salido a la azotea con un rehén. En apenas minutos, los GEOS saltan a esa misma azotea e irrumpen en el banco. Casi al mismo tiempo, las puertas se abren y los rehenes salen en tromba. Corren despavoridos, se tiran al suelo. Los asaltantes parecen haberse esfumado, dentro no queda nadie. En realidad están en la calle, mezclados con los rehenes. Horas más tarde son identificados y detenidos. Al menos once de ellos.

Número uno se llama José Juan Martínez Gómez, alias el rubio. Tiene antecedentes por robos con violencia y otros atracos en su historial. También es conocido de la policía por otras razones; está vinculado a grupos anarquistas. Así que todo encaja perfectamente: un anarquista ha atracado un banco para sacar a Tejero de la cárcel y llevárselo en avión a Argentina. La versión oficial concluirá que el rubio y su banda eran no más que un hatajo de macarras, chorizos y anarquistas sin otra motivación que el dinero. Fin.

Casi 30 años después, en 2009, el rubio está en libertad. Ha cumplido su condena y es el único miembro de la banda que sigue vivo. Concede una entrevista a Televisión Española en la que cuenta su versión de los hechos. Según el rubio, el atraco al banco nunca fue tal. Los asaltantes fueron reclutados por él a encargo del CESID, que le ofreció un millón de dólares por entrar en el banco y forzar una pequeña caja fuerte en la que estaba depositado un maletín. El maletín contenía documentos delicados que podían comprometer la seguridad nacional. Eso le dijo en Perpiñán el teniente coronel Manglano, director de los servicios secretos, cuando lo contrató.

El rubio hizo el trabajo. Entró en el banco y llegó a la caja. La forzó y comprobó que en su interior estaba ese maletín. Lo abrió: el maletín contenía notas manuscritas de alguien que había levantado acta de reuniones de los golpistas, la relación de todas las capitanías que estaba implicadas en la conspiración y la afirmación de que la Casa Real estaba perfectamente al tanto de los planes y de acuerdo con llevarlos adelante. El rubio insiste en que ese maletín, o al menos su contenido, salió del banco. Lo llevaba una de las diez personas que fueron liberadas en primer lugar. Tal vez un falso rehén. Para cubrir esa salida y desviar la atención, el rubio disparó a un empleado del bancode forma que una ambulancia tuviera que acudiry llevarlo al hospital. Esa confusión fue suficiente para que los documentos se entregaran a quien los estaba esperando.

Así que el atraco nunca fue un atraco. Tampoco una operación extremista para liberar golpistas. Solo hay que esforzarse en creer que los servicios secretos reclutaron a una banda de delincuentes para sacar unos documentos de una caja fuerte, a plena luz del día, con todo el ruido posible y el país entero mirando. Solo hay que convencerse de que la mejor opción era un supuesto bandido anarquista, y de que la cobertura idealpasaba por sacar a relucir el nombre de Tejero.  Claro.

En 2006, Spike Lee estrenó “Plan Oculto”, su decimoctava película. Con un guión de Russell Gewirtz, la película cuenta el asalto a un banco de Manhattan por una banda de atracadores que se encierran en el interior con decenas de rehenes. La policía trata de negociar, pero el responsable de tratar con ellos (Denzel Washington) comienza a sospechar que tal vez lo que está sucediendo dentro del banco no es exactamente un atraco. La presencia de una enigmática lobbista (Jodie Foster) que logra acceder al interior y hablar con el jefe de la banda (Clive Owen) revela que el objetivo del asalto es otro: una caja fuerte en la que se custodian documentos sumamente comprometedores que revelarían la relación de un magnate de Wall Street con el Tercer Reich. Tras simular la ejecución de un rehén en la azotea, los asaltantes escapan abriendo las puertas del banco y mezclándose con los retenidos.

España volvió a su extraña normalidad la noche del 24 de mayo de 1981. Al gobierno de Calvo Sotelo le quedaba poco más de un año de vida. ETA siguió asesinando: trece muertos más hasta finalizar el año. El juicio militar a los golpistas se inició en febrero de 1982.Tras 47 sesiones y 13.000 folios de sumario, se condenó por rebelión a 21 militares y a un único civil, Juan García Carrés, por un delito de conspiración.

En las emisoras españolas, los cantantes melódicos comenzaron a ceder terreno ante la música anglosajona y la nueva ola; Robert Palmer alcanzó el top de ventas más largo del año con Johnny and Mary, logró otro más con LookingforCluesy Blondie estaba a punto de reventar con Rapture. Tequila también llegaron al número uno con Salta, y Tino Casal cerró el año en lo alto con Champú de Huevo. Aunque la canción más tarareada de 1981 fuera, en realidad, El Baile de los Pajaritos de María Jesús y su acordeón. Las cosas rara vez son lo que parecen.

El rubio fue condenado a 30 años de prisión por robo, lesiones y tenencia ilícita de armas. En 1988, cuando disfrutaba del tercer grado, mató a dos policías en una terraza del paseo marítimo de Vilanova i La Geltrú. Nadie conoce su paradero actual.

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1 comment

  1. zIe7e 6 Marzo, 2017 at 20:01 Responder

    Más vale tarde que nunca JM!

    Aunque no te comenté en su día, y eso que fue el primer artículo que leí en la web y yo uno de los primeros en leerlo, me pareció un tema muy interesante y que, inculto de mi, desconocía por completo. Y eso que vivo en Barcelona! Lo dicho, me encantó el artículo y posteriormente estuve informándome un poco más al respecto. Gracias por culturizanos un poco, por lo menos a mi, que adoro este tipo de anécdotas históricas. Creo que es otro de esos tantos temas en los que nunca sabremos realmente lo que sucedió.

    PD: recomiendo la película de Clive Owen y Spike Lee

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