Literatura

El resplandor de Lucia Berlin

Sí, yo también quiero hablar de Lucia Berlin.

Creo que, en realidad, a veces todos deberíamos hablar de algo todo el tiempo. Hasta agotarlo, hasta que no quede nada por decir, hasta que hayamos dicho todo lo que ese algo, ese alguien, merece. Hasta que no quede nadie sin conocerlo. Hasta pulir con cada palabra cualquier espacio vacío.

Sí, empiezo un poco intensa.

Lucia Berlin y cualquier cosa con semejante grado de belleza me ponen intensa.

2016 no nos trajo sólo la elección del más inútil de los dirigentes planetarios y la muerte de unos cuantos dioses. 2016 nos trajo un acontecimiento literario. Nos trajo a Lucia. El año pasado se publicaron muchos libros maravillosos (de los que, probablemente, hablaremos aquí en futuras ocasiones) y muchos estuvieron en el género de la ficción, la novela, el relato. De tanto en tanto, algún posmoderno más se pone de nuevo a pontificar sobre la muerte de la novela, sobre la extinción de las formas, sobre el agotamiento de la ficción. Los verdaderos lectores (antes de que alguien frunza el ceño aclararé quiénes son para mí los verdaderos lectores: aquellos para quienes leer es, más que cualquier otra cosa, una forma de estar en el mundo, de entender el mundo, quienes, al margen de la discusión forma/fondo, buscamos que nos ericen el pensamiento y nos hagan intelectualizar las emociones, que nos pongan un espejo delante y también un espejo dentro) somos ya muy escépticos sobre cualquier debate de esas características, sobre las teorizaciones, los debates, oh, qué pereza, siempre los debates. Queremos buenos libros. Libros que nos arrebaten. Y punto.

 

Sí, Lucia, me arrebatas.

Me arrebataste desde que abrí tu libro, en ese inicio de verano en Madrid, hasta el final, al que llegué sin aliento, muy tocada por la gracia. Por tu gracia. Suena místico y lo hago a propósito. El lenguaje nunca es inocente.

Los que leemos mucho, muchísimo, a veces hasta la intoxicación (se puede uno, por supuesto, intoxicar de palabras, de su exceso), no tenemos agotada la capacidad de fascinación, pero sí la tenemos algo más prevenida.

Y a mí Lucia me pilló desprevenida. Iniciaba mis vacaciones y por mi trabajo de librera, mis vacaciones suelen ser vacaciones de leer, al contrario que para la mayoría de las personas. Por eso, si en mi cotidianidad, mi trabajo, mi voracidad y mi energía desquiciada me llevan a leer media docena de libros por semana (por establecer una media aproximada), en vacaciones apenas abro uno o dos. Me había llevado ‘Manual para mujeres de la limpieza’ porque ya se empezaba, tímidamente, a generar el runrún de que iba a ser uno de los libros fundamentales del año. Y ahí en mi pequeño escepticismo (porque en las fajas que les ponen a los libros como a las misses de los concursos de belleza  todos son ‘El libro del año’) me pilló desprevenida la oleada torrencial de su talento.

Sí, ahora debería escribir del libro de una vez.

Antes hablaba de la ficción. A veces es difícil establecer los límites y las fronteras de la ficción. A veces la ficción es un terreno resbaladizo. En sus cuentos, Lucia vuelca su vida entera y la filtra con su lenguaje prodigioso en una ficción que es más verdad y más real que la que nos cuentan en los telediarios. Ante nuestros ojos embelesados desfilan esos cuentos que son ventanas a una vida, su vida, y que, por eso mismo, se tiene más la sensación de estar leyendo una novela desordenada que una colección de cuentos al uso.

Lo que Lucia nos cuenta en sus cuentos ( y esta redundancia la dejo porque me parece bonita, porque Lucia es una contadora, una contadora fastuosa), son historias de una vida dura. Vemos desfilar en sus páginas su alcoholismo severo, sus relaciones fallidas, sus múltiples trabajos para sacar adelante a sus cuatro hijos, su infancia que contiene brillos y muchas sombras, abusos, miedos, relaciones delicadas y atormentadas con madre, hermana, amores. Con la vida. Y sin embargo, teniendo una materia tan oscura, qué libro tan poco oscuro es el suyo. Al contrario, diría que es una explosión de luz y vida, si no fuera una expresión tan atormentada por la autoayuda. Es un libro muy luminoso hecho de dolor. La iridiscencia de la tragedia, el pálpito de los surcos de la vida que transitamos todos de alguna manera. Nos encontramos en sus páginas, aunque no hayamos pasado necesariamente por las mismas experiencias. Ésa es la GRAN LITERATURA, la literatura del reconocimiento y del autoconocimiento a través de los otros.

Y sí, su prosa es magistral. Es sobrenatural. Sobrenatural en sus descripciones, en su cadencia, en su elegancia. El uso de los adjetivos en Lucia me daría para otro artículo entero.

Estamos ante una narrativa poética, compleja y exuberante sin caer nunca en el barroquismo. Porque abraza también una forma de desnudez, un cierto despojamiento en las intenciones. Va desarmada, Lucia, o va armada con su literatura superdotada.

Quien la lea amará al personaje que Lucia, siempre (a excepción de unos pocos cuentos) articula  en una primera persona que está más allá de los pudores. Y amará a la persona. Todos somos personas-personajes y quien no lo sepa, vive en una atroz bendición o en un  despiste existencial muy potente. Necesitamos desdoblarnos para entender y para entendernos.

Lucia es frágil y es un volcán, es melancólica y es divertida, es una flamante perdedora. Imposible no sucumbir al enamoramiento.

Sí, terminaré con una cita. Porque creo, que si lo que he escrito no anima a quien no lo haya leído a correr a por el libro, sus palabras, las de Lucia, sí.

Qué pena que no vayamos a tener más libros suyos, que su talento se perdiera en los mercados de la mediocridad y muriera antes de recibir todos los premios, todas las glorias. Pero nos queda para siempre, para volver a él una y otra vez, inagotablemente, ‘Manual para mujeres de la limpieza’, ese evangelio apócrifo y glorioso de la vida.

Y, sí, que hable Lucia:

“Suena como el final de una historia, o el principio, cuando en realidad simplemente fue una parte de los años que vendrían. Momentos de intensa felicidad tecnicolor y momentos sórdidos y espantosos”.

A tus pies, rendida a tus pies, desmayada  de amor ante ti, Lucia.

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7 comments

  1. di 14 febrero, 2017 at 19:44 Responder

    Querida Nerea y Utepilsantes,

    Qué gran artículo, mil gracias… si no hubiera leído el libro, desde luego me lanzaría a él, por la pasión con la q lo cuentas. Mira, yo escribí una cosita sobre él también, os lo pongo al final por si alguien se queda con ganas de más… una de las cosas con las q me quedé es lo sensorial… para mí fue un libro q me trajo olores, sabores, colores… mucha luz, como comentas.

    “A Manual for Cleaning Women” de Lucia Berlin. Así huele México, así sabe California

    Me gustaría también q elaborases en lo de todos somos personas-personajes… te refieres a q tenemos múltiples yo (Rogers), según el contexto, con quien estemos? Por qué es una bendición no saberlo?

    Hugs y gracias de nuevo

    di

  2. María 19 febrero, 2017 at 13:12 Responder

    Hola Nerea:

    Me ha gustado mucho tu artículo sobre “Mujeres de la limpieza que yo leí a finales del pasado verano.

    Y me ha gustado también ese párrafo, que suscribo, y que no me resisto a copiar sobre quienes son para ti los verdaderos lectores:
    ” … aquellos para quienes leer es, más que cualquier otra cosa, una forma de estar en el mundo, de entender el mundo, quienes, al margen de la discusión forma/fondo, buscamos que nos ericen el pensamiento y nos hagan intelectualizar las emociones, que nos pongan un espejo delante y también un espejo dentro)”

    Gracias por comentar el libro.

    • Anónimo 25 febrero, 2017 at 21:12 Responder

      Millones de gracias,María.Por tu lectura y por tener el bello detalle de citarme.Seguiremos encontrándonos por aquí,los libros nos encuentran y nos reencuentran.

      Nerea

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