Va siendo hora de que saquemos pecho. Es cierto, no podemos compararnos en absoluto con la apisonadora que suponen industrias como la norteamericana, la japonesa o con el más que asentado y saludable mercado francobelga, pero podemos decir que la industria del cómic en España está viviendo una época de crecimiento y reconocimiento inimaginable hace tan solo veinte años. Una “edad de oro” para los que busquen un titular algo sensacionalista.

Son varios los aspectos que nos han traído hasta este punto ya que la tradición de profesionales españoles dedicados a la “historieta” es extensa, y a pesar de los reveses recibidos a lo largo del tiempo, se ha conseguido crear una línea a seguir que ha permitido al sector salir del letargo en el que se encontraba. Son muchos los que han aportado trabajo duro y pasión a lo largo del tiempo sin conseguir despegar del todo, pero su sacrificio ha permitido cimentar un sector que está disfrutando de una salud renovada gracias al nuevo aire que aportan las nuevas generaciones de autores y editores. Sus propuestas artísticas y lineas editoriales se alejan de modelos anteriores que quedaron obsoletos y apuestan por la calidad y la voz propia. Se ha aprendido de los errores y las malas costumbres del pasado para con esfuerzo cambiar el modelo editorial patrio y que esto nos permita tener un panorama actual muy esperanzador. No hay que olvidar que en las épocas de mayor éxito de ventas en España dentro del sector las grandes editoriales como Bruguera poco menos que explotaban a sus dibujantes a cambio de migajas en comparación con su trabajo y talento. Algunas de las grandes estrellas de la época sufrían para llegar a fin de mes o acabaron sus días en situaciones tremendamente precarias a pesar del éxito continuado de muchas de sus creaciones. Claramente no eran los mejores cimientos sobre los que asentar una industria que depende de la creatividad y talento de sus artistas.

Superman, por Jorge Jiménez

Actualmente el modelo es bien distinto. Editoriales surgidas en los últimos 15 años como Astiberri, Diábolo, Dibbuks,etc… han apostado por un modelo diametralmente opuesto, en donde prima la calidad por encima de la cantidad y donde se apuesta por la voz propia de los diferentes autores que componen el panorama actual del cómic en España. Entre otras cosas, este modelo ha dado como resultado que durante los años donde la crisis ha afectado más al país, ha sido uno de los pocos sectores donde se ha producido un crecimiento en ventas y una cada vez mayor visibilidad en comercios.

La inversión en una nueva generación de artistas ha jugado a favor de la creación de obras personales que no solo resultan atractivas al público nacional sino que atrae las miradas de editoriales extranjeras que se hacen con los derechos de distribución de las mismas y que permiten darle un nuevo carácter global al cómic nacional. Y no solo nuestras obras son del agrado de compañías extranjeras, también los diferentes artistas surgidos de nuestro país gozan de una reputación excelente fuera de nuestras tierras. Actualmente somos el tercer país que más talento aporta a editoriales de primer nivel como MARVEL o DC por detrás solo del Reino Unido y Estados Unidos. Dibujantes españoles como Salvador Larroca (a quién corresponde la imagen que abre el artículo) o Pepe Larraz se ha encargado de diferentes títulos punteros de la franquicia de Star Wars y Jorge Jiménez ha aportado su arte a un personaje tan icónico como Superman por poner un ejemplo. A ello hay que añadir también la cada vez mayor presencia de muchos de estos artistas en los Premios Eisner, que suponen el reconocimiento más importante que existe hoy en día en el noveno arte. Todos estos factores producen una sinergia inevitable que permite que las obras y el mercado del cómic español gocen de una calidad sobresaliente y se encuentren en un momento dulce, suponiendo en la actualidad cerca del 35% del material editado en nuestro país.

El sector del cómic, al contrario que otras disciplinas artísticas nunca ha recibido subvenciones públicas de ningún tipo, y aun así ha sobrevivido a sus épocas más oscuras reinventándose, creciendo y nutriendo de talento a las editoriales más importantes del mundo. Lo dicho, saquemos pecho.

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4 comments

  1. Pau 24 febrero, 2017 at 10:39 Responder

    En realidad no estoy muy de acuerdo con el artículo. Creo que toda la industria española del comic está subvencionada por el amor al arte de los autores. Las remuneraciones son peores que en los años de Bruguera, y la precariedad laboral se mantiene si no aumenta. Personalmente me alegro y estoy orgulloso de que tanta gente pueda vivir del trabajo de los autores, pero para que toda esa industria perdure o mejore sin quemar autores uno tras otro (trabajando hasta que necesitan dejarlo para poder vivir decentemente), creo que habría que repartir mejor los beneficios de los libros en relación a los sacrificios y riesgos que implican para cada uno de los sectores que se reparten el PVP. ¡Muchos se llevarían las manos a la cabeza si supieran que, como norma, menos del 10% de lo que pagan por un libro es para el autor!

  2. Iñaki 24 febrero, 2017 at 13:17 Responder

    Yo creo, Pau, que el autor se centra en lo estrictamente artístico, mientras que tu crítica va hacia la industria en general y al mamoneo que hay alrededor del cómic como arte.

  3. zIe7e 6 marzo, 2017 at 19:58 Responder

    Yo estoy un poco de acuerdo con todos. Como dice Rodrigo creo que el cómic español está viviendo una verdadera edad de oro. Ver autores españoles trabajando para Marvel o DC o publicando novelas gráficas en editoriales más independientes es una gozada. No soy fan acérrimo de este mundo, pero si tengo algunos cómics y novelas gráficas en casa y compro algunas obras de forma puntual. Creo que hace unos años pequeñas obras como Historias del Barrio de Gabi Beltrán y Bartolomé Seguí (aquí tiro para casa) eran impensables y muy difíciles de encontrar si no era a nivel local. Hoy en día tenemos hasta dibujantes españoles de manga bastante conocidos incluso obras que han dado el salto a la gran pantalla, y no hablo de Mariscal, sino de Arrugas de Paco Roca, cuya adaptación se llevó incluso un par de Goyas.

    Por otra parte, como insinua Pau y matiza Iñaki, estamos ante el problema de siempre, que afecta a todo el sector de la cultura en general, y no solo al mundo del cómic, aunque en este último sea algo más grave por tratarse de un sector más minoritario y con menos subvenciones que el cine o la música.

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