Música

Más allá de sus Greatest Hits: la historia de Queen a través de 12 temas menores (Parte I)

“Su obsesión en crear ARTE reduciría a NADA la mayoría de sus creaciones”. Ésta es la contundente sentencia (con mayúsculas y todo) con la que Luis Troquel se despachaba en la introducción de un libro de letras de Queen de la editorial Fundamentos, publicado en 1996 y que cayó en mis manos gracias al dinero prestado de un amigo. El libreto en cuestión recogía la letras de algunas de las más famosas canciones de la banda, en inglés y castellano, con bastantes errores tanto en la transcripción en su lengua original como en la traducción. A pesar de las calamidades que reunía el libro, aquella afirmación hizo que me plantease si realmente el 80% de las canciones de Queen eran una mera comparsa que acompañaba a los excelsos y manidos greatest hits o si, simplemente, Luis Troquel no era un fan del grupo, sino un simple trabajador de la editorial al que pillaron por banda para rellenar páginas. Se convirtió en una costumbre, cada vez que terminaba los exámenes del colegio primero o la universidad después, o conseguía reunir más de 3.000 pesetas, acudir a alguna tienda de discos para ir completando su discografía y afianzarme en mi convencimiento de que el señor Troquel no tenía vergüenza, puesto que el verdadero valor de Queen como banda puede que estuviera en los temas que nunca llegaron a trascender al gran público. El que crea que Queen es un grupo pop o incluso glam, no ha entendido nada, porque esto es, antes que cualquier otra cosa, puro rock.

  1. Great King Rat, Mercury 1973

El núcleo duro de Smile, un tipo normal que tocaba el bajo y un tal Freddie Mercury formaron Queen en 1971 con aires de grandeza, con intención de dar un nuevo aire al rock y, por qué no, de ocupar el trono vacante tras el reinado de The Beatles. Su primer álbum de estudio (Queen, EMI, 1973) es toda una declaración de intenciones desde el solo de batería de Keep Yourself Alive hasta el cierre instrumental con Seven Seas of Rhye. Con la arrogancia del que se sabe un maestro o todo lo contrario, con el atrevimiento del ignorante, Queen presentó una colección de temas que pasaron sin pena ni gloria desde el punto de vista comercial y de la crítica. Brian May se refirió años después a que los escasos medios técnicos de que dispusieron no les permitieron llegar hasta donde su creatividad ambicionaba llevarles, que sería un lugar plagado de polifonías y guitarras superpuestas, si bien añadió que no cambiaría nada de aquel álbum. Se mire por donde se mire, Queen I (nombre con el que se le conocería a una vez que bautizasen como Queen II a su siguiente álbum) es un disco absolutamente rock, una tarjeta de presentación a la altura del ego de Freddie y sin el que la carrera de Matt Bellamy y los suyos no hubiera sido la misma. El tercer tema del álbum, Great King Rat (firmada por Mercury) está elaborado con la materia prima esencial de la que está formado el grupo. Una composición típicamente mercuryninana, tanto en las letras como en la compleja estructura formada por diversas partes que podrían llegar a funcionar como canciones independientes, en la que el resto de los miembros dejan su huella de identidad. Lástima que la calidad de la grabación deje la línea de bajo un tanto deslucida y que Roger no introdujese ninguno de sus agudos aullidos, centrándose en tocar la batería terminando con un redoble marca de la casa.

  1. The loser in the end, Taylor 1974

Los problemas a los que la banda tuvo que hacer frente durante las intempestivas sesiones de grabación de su primer disco, pasaron a mejor vida con Queen II (EMI, 1974). Su infinita ambición, frustrada durante el proceso del primer trabajo pudo abrirse camino esta vez, y las voces se superpusieron esta vez hasta satisfacer las exigencias del grupo, las guitarras sonaron tal y como Brian deseaba y el bajo por fin empezó a hacer justicia al discreto John Deacon. De hecho, para muchos éste es el mejor trabajo del grupo, el más redondo y en el que se ve por primera vez cómo se las gasta la pareja Freddie-Brian, cada uno de los cuales protagonizó una cara del disco (la negra y la blanca, respectivamente). Pero es justamente en el escaso espacio existente entre ambas en donde reside la esencia rockera del disco, fruto del carácter canalla de Roger Taylor. The loser in the end suena dura, directa, compacta y sólida, es el pegamento que cohesiona el atrevimiento de Freddie y la calidez de Brian. Su letra, un homenaje a las madres olvidadas por sus hijos al crecer, es una auténtica maravilla dentro de ese ambiente místico-pagano que flota en el ambiente del disco. Si Queen II llega al sobresaliente es indiscutiblemente, gracias al empaque de este tema.

  1. In the lap of the gods, Mercury 1974

Aunque Queen II no puede llegar a considerarse un disco conceptual, resulta algo coherente y homogéneo, en donde cada canción contribuye a formar un todo perfectamente identificable. En Sheer Heart Attack (EMI, 1974) algo cambió. Si bien no hay espacio entre unas pistas y otras, se abarca un abanico de estilos cada vez más amplio que refleja mejor que hasta la fecha las personalidades de los cuatro miembros. Para muchos el sonido Queen reside en Killer Queen, pero mi afán de trazar un camino alternativo que nos defina al grupo, la siguiente estación es In the lap of the gods, pero así a secas, no confundir con In the lap of the gods… revisited, hit para ser coreado en un estadio a rebosar, como ocurriría unos años más tarde. Un primer minuto apoteósico en el que el silbato de Roger irrumpe con la fuerza de un huracán acompañado por el vaivén pianístico de Freddie mientras que la guitarra y el coro nos llevan a lo que podría ser la aparición de un monstruo mitológico. No es eso lo que sigue, sino una voz distorsionada que a su vez da paso a una secuencia con aires de bossanova que podría no tener fin, hipnótico y hermoso. Un genial experimento, que puede ser el preludio de Bohemian Rhapsody.

  1. Death on two legs, Mercury 1975.

Determinar cuál es la canción que mejor representa a la banda en un álbum como A night at the Opera (EMI, 1974) se torna un tanto complicado si lo que se pretende es huir de los más reproducidos, especialmente por lo heterogéneo de cada una de las pistas, si bien en conjunto, es difícil conseguir un resultado mejor engranado. Death on two legs abre el disco y es una pieza magistral que enlaza a la perfección con lo que venían haciendo en sus trabajos anteriores. Puede que sea lo último parecido a sus inicios, el cierre del primer Queen, y es por eso que merece estar en esta lista. A night at the Opera fue un punto de no retorno para la banda, nada iba a ser igual a partir de entonces y quizás este tema inicial sea el último coletazo de algo que ya rara vez se iba a poder escuchar. Pero esta vez, todo suena atronadoramente bien, el sonido que estaban buscando era éste. Lejos quedaban los problemas técnicos de sus primeras veces en el estudio, durante el proceso de  grabación de este álbum van a estrujar al máximo las posibilidades que la tecnología les ofrecía y eso se puede apreciar desde el primer instante. Las pistas se superponen una tras otra creando un sonido envolvente y absoluto. El piano machacón marca un ritmo potente y frenético, acompañado de agudas puñaladas guitarreras de Brian May y disparos láser de fondo, todo ello con el objetivo de desacreditar públicamente a su anterior manager, maestro de las finanzas que había conseguido apañárselas para que los miembros de la banda no vieran apenas un céntimo de sus tres anteriores discos (Norman Sheffield tiene el honor de ser la persona más elegantemente insultada del Reino Unido y eso es mucho decir). Pero puede que donde más se aprecie el salto cualitativo es en la textura de los coros: tienen más cuerpo, van más al unísono, configuran una única voz que alcanza su clímax en el “feel good“. Este tema es la fuerza, la rabia y la chulería hecha canción y, lo que la hace todavía más redonda si cabe, es que está enlazada con la siguiente, la alegre Lazing on a sunday afternoon, que parece que quiere equilibrar el huracán con el que han abierto. El resto, sencillamente una obra de arte perfecta, pero ¿qué se puede decir a estas alturas de A night at the Opera?

  1. The millionaire waltz, Deacon 1976

Con la confianza del éxito de la crítica que tanto había costado alcanzar, los cuatro componentes de la banda se metieron en el estudio a grabar A day at the races (EMI, 1976). Cuentan que realmente lo disfrutaron, se sintieron mejores músicos, con más medios y con una libertad para experimentar que hasta entonces no habían sentido. De nuevo, cada miembro aporta su sello de identidad, dando como resultado un álbum heterogéneo, con multitud de estilos y que confirma que el primer Queen ha pasado a la historia. La esencia rockera de la banda ha quedado esta vez reducida a la pieza inicial, Tie your mother down, y a White man, tema que ha estado muy cerca de entrar en esta lista. Finalmente, mi admiración por John Deacon ha hecho que me decante por la cuarta pista del álbum, The millionaire waltz. Detrás de la voz de Freddie luciéndose en todo su esplendor y de la melodía alegre y juguetona que viene y va por diferentes estados de ánimo y estilos (breves instantes de hard rock dejan paso a un ambiente circense) subyace el verdadero protagonista del tema, que no es otro que la maravillosa línea de bajo. Como si el resto de la canción no fuese con ellos, los dedos de John trazan un camino alternativo, alejándose y acercándose como un perro que corretea a su aire sin dejar de perder de vista del todo a su dueño. Nada puede definir mejor el carácter del bajista que su aportación en este tema, un genio en la sombra, capaz de ponerse a la altura de sus excéntricos compañeros desde una perspectiva creativa, pero que disfruta del paz del segundo plano.

  1. Sleeping on the sidewalk, May 1977

En 1977 llegó News of the world (EMI, 1977), un álbum con una inquietante portada inspirada en un dibujo de Frank Kelly Freas, justo en el momento en el que el mundo estaba asistiendo al nacimiento del punk. Aquel nuevo sonido iba a ser una dura competencia, más aún cuando la crítica británica pareció con mirar con buenos ojos a aquellos ruidosos y reivindicativos recién llegados. El estupor inicial dio paso a la determinación de crear nuevos himnos de masas, y así es como se abrió su nuevo trabajo, con We will rock you y We are the champions, y en menor medida Spread your wings. Los coros y las composiciones barrocas se quedaron esta vez en un cajón y News of the world resultó un disco más ligero y directo, algo con lo que poder hacer frente a la inmediatez que ofrecía el punk. Hasta ahora no se había hecho justicia a Brian May en este repaso, pero resultaría imperdonable no destacar el cálido y acogedor blues titulado Sleeping on the sidewalk; una melodía que podría resultar familiar sin haberla escuchado nunca, un lugar común en el que sentirse cómodo o un tema, sencillamente, con mucha clase. Tanta como su compositor.

Para leer la segunda parte del artículo, pulsa aquí.

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Inaki Jauregui

6 comments

  1. Iñaki 28 febrero, 2017 at 10:02 Responder

    Gracias Josema! Me parece que te vas a quedar con la ganas de Liar, y de muchas otras, supongo, pero es muy difícil escoger una por disco.

  2. Miguel 28 febrero, 2017 at 11:07 Responder

    Madre mía! Uno de los miembros del tándem Zuckeberg-Jobs (responsable de que hayamos añadido una página más entre nuestras favoritas para practicar el noble arte de la procrastinación) se ha dirigido a las masas de lectores! Qué honorr!

    Buen artículo! y buen grupo, porque aunque sé poco de música, Queen me gusta, y si me gusta hasta a mí, es que son muy buenos. Si ya tienes todo esto que decirnos sobre Queen, qué pasará el día que te pongas a hablar de los Beatles? xD
    Un abrazo, y me alegro de que te hayas unido al equipo de colaboradores. Como gritan las masas enfervorecidas en las manifas: ¡No nos mires, únete!

  3. Aritz 28 febrero, 2017 at 14:53 Responder

    Has conseguido que me entren ganas de volver a escucharles, después de una temporada larga de retiro “cuiniano”…¡A por ello!

  4. zIe7e 7 marzo, 2017 at 18:34 Responder

    Frase lapidaria de Luis Troquel, a la altura de “El reggaetón es el nuevo pasodoble”, también de Luis Troquel. Por lo demás, larga vida a Queen!

    PD: ¿Que pretendes insinuar sobre Muse? xD

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