Educación

El fin de la enseñanza tradicional

Los alumnos sentados en filas de a uno, horas y horas, día tras día sin apenas hablar, escuchando y leyendo la sabiduría que maestros y libros les transmiten. –“¿Puedo ir al baño?” –“Estamos en clase. Al baño hay que ir antes de venir al colegio y durante el recreo”.

Muchos de nosotros hemos sido educados según un modelo educativo tradicional y, en muchos aspectos, obsoleto. Y muchos niños siguen recibiendo hoy en día una educación basada en el mismo modelo, salvo la introducción de cambios como las nuevas tecnologías o la variedad que puede dar una sesión en el laboratorio o en el aula de informática.

Padres y maestros pretendemos que nuestros adultos del futuro aprendan ahora, en su juventud, habilidades como la empatía o cómo desarrollar sus talentos. Sin embargo, en la mayoría de las aulas nuestros niños son coartados por un modelo educativo que les impide desarrollar, precisamente, los aprendizajes y habilidades que deseamos para ellos.

No, no pueden desarrollar la empatía o la habilidad de escucha si en clase no hay tiempo para hablar, para escucharse los unos a los otros, para expresar sus sentimientos o solucionar los conflictos del patio. Y me refiero a algo más que dedicar 3 minutos a un conflicto para zanjar el asunto con un “bueno, ahora no podemos seguir con esto, que tenemos que dar clase”. Tampoco puede haber grandes motivaciones en los niños si no se habla de las cosas que les importa y se investiga y trabaja a partir de sus intereses.

No podemos pretender que el aula sea un buen entorno de aprendizaje si los niños deben estar todo el tiempo sentados, sin moverse y en silencio, limitando tanto su libertad que no puedan ni ir al baño.

Yo mismo crecí rodeado de 40 compañeros de clase a los que ni siquiera conocí en profundidad, excepto a los 9 o 10 que han sido mis amigos y han compartido tiempo conmigo fuera de las aulas. En 15 años de escolaridad no conocí realmente a mis compañeros, a pesar de estar tanto tiempo junto a ellos, porque en clase apenas podíamos hablar. Solo podíamos escuchar al profesor, contestar sus preguntas y leer el libro. Porque en ellos, supuestamente, estaba la única sabiduría a la que merecía la pena dedicar tiempo. ¿Que si me parece extraño que tuviéramos conflictos y discusiones? Pues me parece normal, teniendo en cuenta que nuestras habilidades de empatía, escucha y compañerismo estaban muy poco desarrolladas en ese entorno. Tampoco me extraña que para muchos jóvenes la escuela sea un lugar aburrido al que no quieren ir.

Y obviamente no, la sabiduría y los aprendizajes no están en el maestro ni en los libros de texto, al menos no de manera mayoritaria. El aprendizaje y el desarrollo de las habilidades están en los niños, y es por ello que la enseñanza tradicional está muriendo. Muy lentamente, pero muriendo.

Empezó a enfermar con las teorías sociocultural-histórico cultural de Vygotsky, los estudios sobre el origen social de la inteligencia de Cole, Scribner y Hutchins, los estudios sobre el diálogo y el habla en el aula de Bakthin, Flecha, Cazden, Wells y Mercer o la psicología cultural de Bruner. La enseñanza tradicional empezó a morir con cada una de las teorías y estudios del siglo pasado, que nos demostraban que el desarrollo intelectual y cultural no dependían principalmente de recibir información, sino que precisaban acción por parte de los alumnos, además de la necesidad de aprender en base a sus intereses, curiosidades y motivaciones.

Los primeros síntomas de que el modelo educativo tradicional estaba enfermando aparecieron con la creación de escuelas que promueven modelos educativos basados en los principios recomendados por los estudios científicos y su salud sigue empeorando con cada profesor que se plantea que los niños necesitan un modelo diferente para desarrollar mejor sus potencialidades. Cada vez que un profesor paraliza por un momento el trabajo de los contenidos del currículo para organizar una actividad en la que los alumnos puedan hablar y escucharse o sienta a los niños en grupos para cooperar, cada vez que se abren las puertas de la escuela para que los padres entren a las aulas y cada vez que una escuela se convierte en una comunidad de aprendizaje, otro síntoma de la llegada de una nueva educación aparece.

Sí, el modelo tradicional en el que la mayoría de nosotros fuimos educados está muriendo. ¿Y cómo es la educación que viene?

La nueva educación.

El futuro de la educación, en realidad ya presente en muchas aulas y escuelas, se aleja de los libros de texto, del maestro, del silencio constante en clase y de las libertades coartadas. Los “nuevos” estilos educativos se centran en el alumno, en sus intereses, en la cooperación, la libertad y la responsabilidad.

Los libros siguen siendo muy importantes, pero desde el enriquecimiento que genera un libro, no desde la obligación de ser la única fuente de información durante la mayor parte del tiempo. Los maestros son más importantes aún, no como transmisores de conocimientos, sino como responsables de generar multitud de situaciones diferentes de enriquecimiento y motivación para los alumnos, estableciendo relaciones mucho más amplias y variadas que la de hablar y ordenar qué hay que hacer. Hay silencio en clase, desde luego, cuando es necesario, pero no de manera perpetua. Los alumnos aprenden a diferenciar mejor los momentos en los que hay que estar en silencio y en los que no es necesario, puesto que no es obligatorio estar callado todo el tiempo. Escuchan más a sus compañeros, e interactúan más y mejor, estableciendo muchos más roles en el aula. Hablan para trabajar en equipo, para mostrar sus inquietudes y para relacionarse mucho más, no solo entre sus compañeros, sino con los maestros, con alumnos de otras edades, con otros adultos que entran en clase, etc. Aprenden a trabajar en equipo, a cooperar, a empatizar con los compañeros y a respetarse porque de verdad logran ponerse en la situación del otro. Y elevan su nivel de dominio de los contenidos al saber, además de hacer los ejercicios, ayudar a los compañeros y buscar la manera en la que explicar las cosas para que otros las comprendan, pensando no solo en cómo se hace, sino en cómo entienden sus compañeros los problemas y ejercicios y cómo pueden ayudarle a entender. En clase hay más organización de los alumnos que control sobre ellos. Tenerlos permanentemente sentados y en silencio dan al maestro seguridad para controlarlos, pero no un entorno adecuado para que se desarrollen. Los niños tienen más libertad de movimiento.

Modelos en los que los alumnos disfrutan más en clase y son protagonistas de su propio aprendizaje.En los que se aprovecha mejor el tiempo y se es mucho más efectivo a todos los niveles, tanto personales como académicos.

A día de hoy ya son muchas las escuelas que han sido creadas bajo modelos pedagógicos muy diferentes al que la mayoría de nosotros hemos conocido. Entre unas y otras hay diferencias, según se hayan basado en unos estudios u otros, pero todas ellas tienen un denominador común: crear un entorno en el que los niños puedan desarrollarse integralmente.

No quisiera cerrar este artículo sin hacer un intento por mostrar algunas pinceladas del funcionamiento de algunas de las aulas que abandonan el método tradicional y se zambullen en nuevos estilos que crean entornos más enriquecedores para los niños. De los cientos de ejemplos que podrían ponerse, voy a mostrar solo uno. Nos introducimos en un aula de una de las 121 comunidades de aprendizaje que hay en España. O, en este caso, en una clase de un centro que, sin ser una comunidad de aprendizaje, ha copiado un modelo organizativo para crear un entorno donde se invite a los alumnos a cooperar y trabajar en equipo. Un aula en la que se realizan grupos interactivos.

Los grupos interactivos.

Los grupos interactivos suponen una organización concreta del aula, con unas características muy determinadas en algunos aspectos que han sido minuciosamente estudiadas y comprobadas, mostrando unos resultados tremendamente positivos en todos los aspectos, tanto curriculares como de relaciones sociales y desarrollo personal.

Jueves, 15:30 de la tarde. 10 minutos antes de empezar la última sesión del día, nueve voluntarios (dos padres, dos madres, una abuela, un hermano, un estudiante de magisterio, un voluntario sordoy un vecino del barrio) esperan en el hall del colegio la llegada del maestro. Este les explica las actividades que ha diseñado para el día de hoy.

15:40. Comienza la última clase del día. Como todos los jueves y viernes a esta hora, toca grupos interactivos. Cada niño va con los compañeros de su equipo al aula que le corresponde. En cada uno hay seis niños y niñas mezclados de dos clases de forma heterogénea. Saturno, Marte y Mercurio van al aula de A, mientras que Venus, Júpiter y Neptuno hoy trabajan en el aula de B. Empieza la sesión y cada equipo va con un voluntario, que les explica la actividad que tienen que hacer durante los próximos 15 minutos. Al acabar, van a otra mesa donde realizan otro juego y, por último, a otra. En total, cada equipo ha hecho tres actividades de 15 minutos cada una. Hoy les ha tocado leer y representar números con regletas, un juego de memoria con palabras en Lengua de Signos y otro de cartas de emparejar números que sumen 11.

Los juegos y actividades se disponen de tal manera que se precise la cooperación de todos los miembros del equipo para su consecución. El maestro supervisa el desarrollo de la actividad que los niños llevan a cabo, ayudados por los voluntarios. Reflexionan sobre lo aprendido, recogen el aula, se despiden chocando las manos e intercambian algún que otro abrazo.

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David Arzoz

16 comments

  1. Isis 20 Marzo, 2017 at 10:33 Responder

    Qué bueno David, no sabes cuánto agradezco leer que las cosas están cambiando, y más sabiendo que dentro de año y medio mi hija empieza su escolarización.
    Yo también soy entrenadora (no de baloncesto) y tengo relación constante con chicas y chicos en edad escolar. Qué importante el deporte en esta etapa y qué importante acompañarles bien. Daría para otro artículo. Un saludo!

    • David 20 Marzo, 2017 at 12:58 Responder

      Gracias Isis,

      Daría para muchos artículos, la verdad. Y sí, la escuela está cambiando, pero aún sigue siendo mayoritaria la manera tradicional de dar clases, aunque incluso en esas aulas van cambiando cosas. Y, a excepción de las escuelas nuevas, en general falta coordinación entre los profesores, ya que a día de hoy conviven maestros de ambos estilos.

  2. Inma 20 Marzo, 2017 at 13:30 Responder

    Hola David. Me ha gustado tu artículo. La escuela claro que debe cambiar,lo que ocurre es los cambios en la escuela son lentos y deben hacerse con criterios pedagógicos y psicológicos muy serios porque si se hacen con “ocurrencias” de cada cual puede resultar un desastre. Yo no sé cómo estudian ni qué estudian en la universidad los que hacen ahora magisterio. Quiero pensar que les “llevan por buenos caminos”, espero que así sea. Yo también quiero para mi nieta una escuela diferente pero no colgada en el vacío, no hecha a base de retazos ejm: esto se hace en … y es muy bueno o mira qué idea vi el día pasado en… sin ningún criterio y sin ningún estudio. Que lo que se haga se haga en serio porque los niños son lo más “serio” que tenemos entre manos y su educación no es cualquier cosa. En fin con toda la seriedad del mundo para las personas más divertidas.

    • David 20 Marzo, 2017 at 14:21 Responder

      Muy de acuerdo, Inma, en que los cambios en educación van MUY lentos y deben hacerse con criterios pedagógicos y psicológicos muy serios. Pero las evidencias científicas están desde hace varias décadas y, si bien un sistema educativo es complejo de organizar, los cambios llegan demasiado despacio.
      No sé si en los últimos años han cambiado mucho los estudios universitarios, pero hace 10 años yo estaba en la universidad y mi sensación fue negativa en la manera en a que se preparaba a los maestros. Ojalá en la universidad también vayan mejorando las cosas.
      ¡Gracias por tu comentario!
      David

  3. di 20 Marzo, 2017 at 21:31 Responder

    Hola David!

    Gracias por tu artículo… te quería preguntar por tu opinión sobre aplicar esto en la “educación para adultos”. Lo digo pq aunque estoy contigo q lo mejor para aprender es estar involucrado (me encanta la frase de Aristóteles “Dímelo y lo olvidaré, enseniame y lo recordaré, involucrame y lo entenderé”), yo he tenido experiencias como adulta en las q he querido “contenido” y con este sistema de “grupos y comentáis”, me sentía timada….

    Por ej, hice un curso de cine… cada día la profe nos explicaba una técnica o concepto, nos ponía secuencias para ilustrar, etc. Pero en un punto, nos separaba en grupos y ala! comentad entre vosotros… y yo sacaba tiempo tras el trabajo para ir al curso para aprender, no para oir lo q un abogado de Liverpool opinaba… Me parece una manera barata de cubrir las clases… requiere mucha menos preparación.

    Yo doy clases de mi tema (salud mental infantil) tanto a estudiantes como a padres, trabajadores sociales, etc. Una vez alguien de este último grupo me criticó q no di suficiente tiempo para esos grupos. Yo entiendo q lo querían era contarse anécdotas del ninio tal y cual, pero es q eso e sun grupo de apoyo, no una clase…

    Muxus y adelante!

    Di

    • David 20 Marzo, 2017 at 23:24 Responder

      Hola Di,

      Gracias por tus palabras.

      El aprendizaje cooperativo es perfectamente válido en todas las edades. Y, si bien yo tengo experiencias geniales en cuanto al conocimiento de los contenidos que los alumnos (casi siempre niños) alcanzan de esta manera, los mayores logros van mucho más allá. Los niños evolucionan y maduran hablando y escuchándose, sintiéndose importantes y tenidos en cuenta, desarrollando habilidades, actitudes y valores asombrosos. También te diré que el trabajo cooperativo es mucho más que “os dejo que comentéis vuestra opinión sobre el tema”. En mi caso, preparar una sesión así me lleva muchísimo más tiempo que una “clase tradicional”. Muchísimo más.
      Eso sí, si bien por tus palabras intuyo que no tuviste la suerte de caer en una dinámica realmente cooperativa o bien desarrollada, también te diré que nada vale para todo. Escuchar a alguien que habla bien sobre un tema que domina es un lujo, aquí y en Madagascar. Lo cuál no significa que sea la única manera de hacerlo ni, por supuesto, la que mejor se adapte a los niños como metodología general.

      Un abrazo,

      David

  4. di 20 Marzo, 2017 at 21:45 Responder

    PS: Yo la frase “de Aristóteles” la leí en un libro de Terapia Cognitivo Conductual (q tiene mucho de naprendizaje y cooperación). Ahora veo q en internet la atribuyen desde a Confucio hasta a Benjamin Franklin…. se lo diré en tres palabras, como Les Luthiers: Yo que sé.

  5. Pablo 21 Marzo, 2017 at 21:18 Responder

    Hola David!
    Un placer leerte en Utepils y felicidades por tu artículo. Me parece interesante todo lo que expones y creo que es importante utilizar este tipo de dinámicas de aprendizaje. De todas formas, a mi modo de ver, está de moda poner a caldo la llamada (con connotación tirando a negativa) “clase magistral” cuando creo que es perfectamente compatible con modelos de aprendizaje como el que expones.
    Me explico: yo doy profesor de Matemáticas. Una vez un amigo me preguntó si explicaba el Teorema de Pitágoras o eran mis alumnos quienes, en base a la exploración, eran capaces de deducirlo.
    Creo que hay una diferencia importante entre esperar a que mis alumnos deduzcan el teorema por sí sólos y explicar matemáticamente el teorema, su origen y su utilidad y, a partir de ese conocimiento adquirido por los alumnos, que sean ellos quienes experimenten con él y lo utilicen de forma práctica.

    Hace poco me mandaron este vídeo que seguro que puede dar para un buen debate. Ahí va la bomba:
    https://youtu.be/4ZFGKdmnV-Q

    Un abrazo!

    • David 21 Marzo, 2017 at 22:41 Responder

      ¡Hola Pablo!

      Otro placer leer tu comentario. Totalmente de acuerdo en que las “clases magistrales” son compatibles con modelos de aprendizajes como los expuestos en el artículo. Yo también veo cosas positivas en ellas.
      Lo que yo considero que está muy lejos de ser lo ideal es un estilo en el que solo existen ese tipo de clases, además de otras cosas negativas desde mi punto de vista, en el que apenas se incentiva el desarrollo de multitud de aprendizajes y habilidades. No seré yo el que esté de acuerdo con los que ponen a caldo las clases magistrales, al menos sin valorar las cosas positivas que ofrecen y su compatibilidad con otros modelos.
      Tampoco estaré de acuerdo con el que piense que en los nuevos estilos educativos los niños no aprenden el esfuerzo, el trabajo y el conocimiento (aspectos que resalta Ricardo Moreno en el vídeo). Si se trabaja bien se pueden aprender esas y otras muchas cosas.
      Y, en mi opinión, sí que es importante que los niños tengan motivación y disfruten aprendiendo, si bien no todo será un agradable paseo entre flores. Y, afortunadamente, creo que podemos conseguir que los niños aprendan muchísimo y disfruten del colegio. A veces parece que hay que decidir entre que los niños estén contentos o aprendan. Si me viese en ese dilema, me costaría decidirme, pero, por fortuna, siempre he visto con claridad que las dos cosas pueden ir de la mano.

      ¡Un abrazo!

      Davvid

  6. di 21 Marzo, 2017 at 22:48 Responder

    Hola de nuevo utepilsantes!

    Pablo, he visto el video y me ha gustado. Por partes:

    En primer lugar, Eva Hache vive en los mundos de yuppie: “queremos una sociedad crítica”…saco el violín? una porra! quién la quiere? Lo q se busca es una sociedad (bueno, ahor no es ni eso, ahora es todo “el individuo”) de borregos q no se cuestionen el sistema, q compren y consuman, y así nos va.

    Hay muchas maneras de ejercitar lo crítico, pero yo no veo una q te pongan en un grupo a opinar cuando no tienes datos. En UK donde vivo, a los ninios les plantean un tema con el famosoo “discuss” y tienen q defenderlo con igual pasión desde un punto de vista como desde el opuesto… Esto es impensable en la Espania q crecí yo.

    Estoy con el catedrático del video en q el esfuerzo tiene un papel fundamental, pero no todo el mundo está dispuesto a ponerlo, o incluso tiene las mismas capacidades para ponerlo… recordemos el artículo del TDHA q se publicó aquí la semana pasada, o dificultades específicas del aprendizaje etc… o sea, el catedrático generaliza diciendo q todos con esfuerzo bla bla, y q no hay q evaluar con un sicólogo… siento decir q a veces un sicólogo puede encontrar problemas q tienen solución. No hay q ser tan extremo.

    Pero estoy con él en la patochada de “q lo descubran ellos”. Una amiga q es profe de mates aquí en LOndres me dice q ahora solo hacen “self-guided learning”.. les ponen en grupos y entre ellos q se ayuden y ella supervisa y ayuda de grupo en grupo. DAVID, seguro q tú lo haces distinto, pero todos hemos estado allí aburridos esperando a q venga el profe pq no sabemos por donde tirar.

    Hay cosas q te has han de explicar y has de practicar, muchas veces: Te tienen q enseniar a integrar y a derivar, no? Te tendrán que decir lo q es el número pi no? Y así todo. En cierto nivel los ninios necesitan hacer cosas ellos, sentados en una mesa: necesitan redactar, hacer operaciones matemáticas q como dice el catedrático requieren repetición y consolidación.

    Todo esto lo dice alguien q odió el sistema de “clase magistral” de la universidad espaniola (al menos mi facultad, ese antro) . Pero a la vez el hipismo llevado al extremo tampoco.

    Hugs!

    di

    • Anónimo 21 Marzo, 2017 at 23:12 Responder

      Amén a cada palabra que acabas de poner Di! Nada que añadir. Mañana me toca explicar la indeterminación 1 elevado a infinito y ya he preparado una colección de 30 ejercicios de límites para que hagan, hagan y hagan mis alumnos hasta que controlen y “le cojan gusto” a algo, de entrada poco atractivo (pa qué engañarnos jeje).
      Saludos!

    • David 22 Marzo, 2017 at 10:37 Responder

      Eso es, Di.

      Como todos entenderemos, ninguna metodología es buena si no se desarrolla bien, e incluso una mediocre puede ser efectiva si está bien ejecutada. En mi caso, hay momentos de “clases magistrales”, aunque son breves y de una manera más natural (pueden participar mucho, sentados en círculo, etc.) y las actividades en grupos sacan cosas súper positivas de los niños, incluso a pesar de que hay muchas cosas que debo mejorar. También es cierto que con niños pequeños como mis alumnos estas metodologías se adaptan mejor a sus necesidades. Con mayores lo haría ligeramente distinto.

      Saludos a tod@s,

      David

  7. Inma 22 Marzo, 2017 at 11:33 Responder

    Hola al personal. Muy buenos comentarios y si nos ponemos da para mucho más. El profe con las ideas claras, como debe de ser porque no tener las ideas claras en educación es lo peor que te puede pasar. He tenido compañeras que no hacían más que picotear de aquí y de allí sin ninguna base mínimamente seria, a las “tradicionales” nos ponían verdes, pero al menos teníamos una dirección que seguir y tampoco éramos tan tradicionales, con el tiempo aprendimos a quitarnos mucha caspa de encima. Eva Hache pues eso… mundos de Yupi. Ya me gustaría a mí verla en un aula con 20 críos de pocos años y con su teoría.Esto de la educación tradicional o no, se me asemeja a la cocina que tan de moda está ahora. No se puede acabar con la cocina tradicional porque es la base de la cocina moderna. Ambas deben coexitir. Lo mismo en educación.
    Sobre la motivación, madre mía. La de cosas que hacemos sin motivación, pero oye el ejemplo que ponía el profe de la comida es así de cierto. ¿Un crío de 11 años puede estar motivado para aprender fracciones? ¿Va a saber hacerlas él solico sin que el profe se lo enseñe?
    A propósito igual mis comentarios son poco científicos, muy de andar por casa,pero me gusta debatir con todos/as vosotros/as, y dejar la opinión de una profana en casi todo.Abrazo

    • David 22 Marzo, 2017 at 21:56 Responder

      Hola Inma,

      Respecto a tus opiniones, te doy mi punto de vista sobre ellas.

      Los profesores con las ideas claras mejor, desde luego. Aunque creo que es difícil y yo siento muuuuchas veces que no tengo las cosas claras. Pero sí que hay varias ideas que forman la base de lo que hago que las tengo muy claras, y me sirven de soporte sólido.

      Si tus compañeras ponían a caldo a socias de profesión por hacer las cosas de manera diferente, mala señal. Las cosas se pueden hacer de muchas maneras y criticar a otros muestra falta de comprensión y empatía. Más allá de cómo hicieran ellas las cosas.

      Sobre Eva Hache prefiero no opinar, pero sí que parece un poco alejada de lo que realmente ocurre en las aulas por la manera en la que dice las cosas, independientemente de que alguna idea que menciona pueda tener sentido o no.

      Por último, sobre la motivación, creo que todos vemos claro que hay aprendizajes importantes que no siempre tienen por qué gustar a los alumnos. Pero sí que opino que si los niños están perpetuamente desmotivados hacia el aprendizaje, algo gordo falla en la manera de enseñar. Creo que si los niños están normalmente motivados y si son capaces de ver que algunas cosas son importantes aunque les guste menos, las cosas están funcionando bastante bien. Nunca me quedaría con el mensaje que parece dejar el catedrático del vídeo (aunque no lo dice así literalmente) de que la motivación de los alumnos no importa y que no tenemos que preocuparnos de si están motivados o no porque tienen que hacerlo y punto.

      Un abrazo,

      David

  8. Inma 22 Marzo, 2017 at 22:06 Responder

    David estoy contigo en tus puntos de vista. No creas que voy a la contra, en absoluto. Leeré el artículo mañana. Yo creo, además, que los cambios empiezan siempre o casi siempre por abajo en las etapas infantiles y creo que hay profes de pequeños que lo hacen razonablemente bien. El profe del vídeo se nota que estaba con mayores y ahí pues ya es harina de otro costal.
    Me consuela pensar que hay profes como tú que quieren y se esfuerzan para que la escuela cambie.
    Ánimo y adelante. Los pequeños lo agradecerán.

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