Educación

Atacando al bullying desde la raíz

La aparición en los medios de comunicación, hace ya un tiempo, de casos en los que algunos jóvenes llegaron incluso a quitarse la vida, inició una bola de nieve de preocupación que ha hecho del bullying uno de los temas de moda en los últimos meses en el mundo de la educación.

A pesar de ser un problema que se ha dado siempre en las escuelas, el salto a las redes sociales, periódicos y televisión ha provocado que la sociedad sea más consciente de una situación de enorme gravedad. Esta sensibilización ha supuesto el primer y más importante paso para abordar de una vez por todas un tema de difícil solución. Los telediarios, internet, el cine y la música han colaborado para que el tema salga a la palestra y se busquen soluciones.

Se está hablando mucho de cómo combatir el acoso escolar y métodos como el famoso KiVa finlandés navegan por la red y se implantan en muchos colegios por toda Europa, España incluida. Este exitoso sistema tiene su origen etimológico en la unión de las palabras “Kiusaamista Vastaan”, “contra el acoso escolar” en finés. Y, en contra de lo que pudiera parecer, no se centra ni en la víctima ni en el acosador. Su objetivo principal son los testigos del bullying. Desde pequeños se trabaja con los niños cómo actuar cuando se presencia una situación de acoso, aprendiendo a no ser participantes indirectos del propio hostigamiento. Se basa en el principio de que una comunidad es sana cuando todos se protegen a todos. Sin el apoyo de los compañeros en forma de risas o comentarios que avivan la persecución a la víctima, el acosador tiende a dejar de abusar, puesto que su intimidación ya no le aporta los “beneficios” sociales de antes. Ingenioso y eficaz. La embajada de Finlandia en Madrid afirma que el 98% de los 1000 colegios que implantaron el programa KiVa en 2009 valoraron que la convivencia escolar había mejorado significativamente durante el primer año.

Maestros, padres, niños y ciudadanos en general nos alegramos del éxito de este y otros métodos que ayudan a reducir los perjuicios de este grave problema y mejoran la convivencia escolar. Pero algunos queremos ir más allá y nos seguimos haciendo preguntas. ¿Qué lleva a un niño acosar a otro? ¿Es suficiente abordar el problema del bullying con estos métodos para realmente cortar de raíz los problemas que originan estos comportamientos? Confieso que la idea de abordar el acoso escolar desde el trabajo con los observadores me parece absolutamente brillante, pero me inquietan otros asuntos de máxima importancia que a la larga son también causantes del bullying.

La mayoría de los niños de hoy tienen un acceso desmedido a la violencia. Me alarma comprobar en mi aula cómo muchos niños de 5, 6 y 7 años normalizan comportamientos violentos, a los que acceden principalmente a través del cine, televisión y videojuegos. En algunos casos, afortunadamente no tan habituales pero de mayor gravedad, las faltas de respeto y las agresiones forman parte de la vida diaria en familia.

Por otro lado, la sobreprotección que a veces reciben en casa dificulta el desarrollo de la autonomía de los niños, esencial para establecer buenas relaciones con sus iguales. Asimismo, el protagonismo excesivo o la falta de atención que algunos pequeños encuentran en sus hogares pueden desembocar en problemas de inadaptación a entornos con menos protagonismo y en bajas autoestimas.

Pero si hay un tema que aún me turba más, probablemente por mi condición de maestro, es el poco trabajo emocional de calidad que hay en las escuelas. Un trabajo que ayude a los niños a entender sus sentimientos y a desarrollar estrategias para conseguir lo que desean de la manera más satisfactoria posible para todos.

Estamos acostumbrados a que en la escuela se enseñen matemáticas, lengua castellana, música y educación física. Incluso se enseña (con menos profundidad de la que se debiera) cómo cuidar el cuerpo. Un niño sabe, desde bien pequeño, que cuando hay una herida debe poner una tirita, que hay que ducharse todos los días, lavarse los dientes después de las comidas e incluso que no debe abusar del azúcar, porque es malo para su salud. ¿Y dónde se aprende a cuidar la mente? ¿Por qué no se enseña a conocer las virtudes, mejorar los defectos, lidiar con la frustración, entender la soledad, superar los miedos y evitar el desprecio? ¿Por qué la salud emocional queda olvidada de los aprendizajes de la escuela y de la sociedad en general?

La salud emocional tiene una importancia enorme en el desarrollo de una persona,  básica para su felicidad, socialización y equilibrio. Relacionándolo con el tema que nos ocupa, un niño con un buen balance emocional puede tener el descuido de menospreciar a un compañero en algún momento dado, pero no es un acosador en potencia. Partamos de la base de que un niño que agrede o arremete regularmente contra un compañero no tiene un buen equilibrio emocional.

El acosador suele tener grandes problemas para sociabilizarse, y encuentra en el bullying una de las pocas maneras, a veces la única, de encontrar la admiración de los demás, demostrando su superioridad o dominio sobre un compañero determinado. Las víctimas suelen ser las mismas en las diferentes acometidas; si el abanico se abriera demasiado, los que ahora contemplan encandilados el sometimiento del agresor dejarían de fascinarse al verse en peligro de estar en la otra posición.

El perfil del acosador es un joven con tendencia a la agresividad, tanto verbal como física, que tiende a humillar en público a compañeros con debilidades para conseguir la aprobación de los demás. Un niño o adolescente con muestras habituales de ansiedad y obsesión por el control, que utiliza la sensación de poder como ansiolítico. Una persona fría, con un estado de ánimo bastante regular, sin muchas variaciones, que tiende a explotar a los demás en sus relaciones interpersonales. Aunque a veces pueda parecer lo contrario, el acosador suele tener una autoestima muy baja.

Los niños de estas características necesitan un apoyo sólido de los adultos. Una guía que les ayude a manejar su ansiedad, a canalizarla de manera menos agresiva y a desarrollar habilidades para comprender y relacionarse mejor con los compañeros. Un refuerzo constante de sus avances y buenos comportamientos que le ayude a valorarse más y mejorar su autoconcepto.

Y, además de encontrar ese apoyo en casa (aunque desgraciadamente no siempre ocurre), la escuela debe ser un entorno de conocimiento personal, crecimiento emocional y desarrollo de habilidades sociales.Un lugar en el que adquirir contenidos no sea más importante que desarrollarse como persona, donde aprendan herramientas para ser felices y triunfar en la vida, además de atacar muchos problemas desde la raíz.

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David Arzoz

7 comments

  1. Inma 10 abril, 2017 at 10:36 Responder

    Muy buen artículo David. Me gustaría que mi nieta tuviera a su alcance profes como tú, con tu sensibilidad. Pienso que si los peques desde muy pequeños estuvieran bien “estudiados ” en los colegios, tal vez se podrían prever muchos comportamientos sospechosos y evitar muchos males. Con esto quiero decir que los equipos de orientación en los primeros años de escolaridad deberían ser muy escrupulosos a la hora de orientar no solo a los profes sino también a las familias.
    Por otra parte es cierto que muchos males nacen en las familias y esto ya en harina de otro costal. Es más difícil llegar ahí. No obstante ánimo y a intentarlo.
    Un abrazo

    • David 10 abril, 2017 at 14:46 Responder

      Gracias Inma.

      Muy de acuerdo contigo. Desde luego que en los colegios se tiene que mejorar muchísimo en la detección de esos problemas emocionales y en la manera de atenderlos, así como la ayuda a maestros y familias. Además, los niños de hoy serán los adultos y padres de mañana, por lo que la inversión también tendrá su fruto en el futuro trabajo emocional en los hogares.

      Un abrazo.

      David

  2. Iñaki 10 abril, 2017 at 16:24 Responder

    Hola David. Me ha gustado mucho tu artículo, se nota tu implicación en el tema y tu sensibilidad hacia él. Y eso es algo que dice mucho de un maestro. Pero quiero lanzarte alguna reflexión que he hecho a leerte.

    Hay un momento en el que mencionas al cine, a la televisión y a los videojuegos como factores que pueden fomentar los comportamientos violentos entre niños. ¿Crees de verdad que son factores clave detrás del bullying? El cine y la televisión llevan varias décadas entre nosotros y los videojuegos apenas tres. Lo que quiero decir es que si la respuesta fuese afirmativa, el incremento de la violencia en la sociedad, y en los jóvenes en particular, hubiese sido exponencial en los últimos años. Desde luego, no tengo datos para opinar, pero me cuesta creer que esto sea cierto. No creo que los niños de hoy en día sean más crueles ni traten peor a sus compañeros que los de hace un siglo o que los de la Edad Media. De hecho, diría lo contrario: que nunca en la Historia ha habido mayor concienciación sobre este problema que hoy en día.

    Hoy somos consciente de muchos más casos, porque son reportados, y sobre todo, tenemos un umbral de tolerancia mucho más restrictivo. Un caso ya es mucho. Hay que actuar siempre y debe ser una prioridad del trabajo docente (estoy totalmente de acuerdo con tu enfoque del artículo). Lo que quiero plantearte es cuáles son realmente los factores que llevan a un niño o una niña a comportarse de esa manera. Tengo la sensación de que el entorno familiar tiene mucho más peso que otros (tele, cine, videojuegos) ya que los comportamientos violentos están presentes desde el origen de los tiempos, por lo que atribuir la culpa a las pantallas es un tanto ventajista.

    No tengo ni idea de lo que digo, no soy experto y hablo sin datos. Con esto, invito a cualquier experto que pueda leer esto a aportar todo lo que quiera y a dar más datos sobre un tema que, como docente que soy yo también, me parece de importancia extrema.

    • David 10 abril, 2017 at 17:15 Responder

      Hola Iñaki,

      Gracias por tu enriquecedora reflexión, Iñaki.

      Desde mi punto de vista el acceso que los niños tienen a la violencia es un factor que afecta de alguna manera, pero hay muchos más. Todos tenemos de alguna manera acceso a la violencia, pero lo que creo que realmente se convierte en algo significativo es la edad tan temprana a la que algunos acceden y la enorme cantidad de violencia que consumen. Y, en algunos casos, esa violencia está tan presente y desde tan pequeños que esos niños ven completamente alterada su manera de relacionarse con los demás porque no conocen con suficiencia las relaciones afectuosas y sí las agresivas. Hay niños de solo 5 años que ven muchas películas de adultos, que juegan a videojuegos nada adecuados a su edad y, para más inri, no tienen en su vida el cariño y amor adecuado. Obviamente la situación en muy diferente a los niños que acceden a contenidos violentos a edades más adecuadas y, especialmente, en contextos familiares y emocionales más estables.

      Por tanto, sí que creo que es un factor que afecta al problema global del bullying, pero no tengo datos y mi opinión se basa en lo que veo. Sería muy interesante tener esos datos, ojalá alguien que entienda más de ellos nos dé un poco de luz sobre el asunto. Encantado estaré de cambiar mi parecer al respecto.

      Te doy toda la razón en que nunca ha habido tanta concienciación como hoy en día, pero no tengo tan claro que no haya aumentado en las últimas décadas. La manera de relacionarse de los niños ha cambiado mucho y eso también afecta a sus habilidades para socializarse.

      Los factores que expongo como significativos que llevan a un niño a acosar a otro son los que me vienen a la cabeza, según lo que entiendo de mi experiencia. Seguro que pueden establecerse de manera mucho más estudiada. Pero no es mi intención atribuir la culpa a las pantallas. De hecho, si te fijas, tal y como los expongo, los digo de menor a mayor importancia, por lo que el acceso a la violencia es el menos importante de los que he reflejado, sirviendo de introducción para dar paso a mi mayor preocupación, la pobre educación emocional en las aulas.

      Como bien sabes, yo tampoco tengo ni idea, ni soy experto (¿cómo narices se llega a ser experto? Ni en 5 vidas de maestro y psicólogo juntas llegaría a ser un experto) ni tengo datos. En eso estamos empatados.

  3. Inma 10 abril, 2017 at 22:13 Responder

    Buenas reflexiones. Yo tampoco soy experta en el tema de las pantallas por lo tanto estaría muy bien que alguien nos echara una mano. Hombre, así de entrada tanta violencia gratuita muy buena no creo que sea y menos si cae en cabezas poco ordenadas. Me parece muy interesante lo que apuntaste en tu artículo sobre lo de “educar” a los “mirones” a esos que ven lo que pasa ,pero que no hacen nada para cortarlo. Esa es a lo mejor la acción más importante. Los abusadores se nutren del silencio de los que no hacen nada para impedirlo. Si se les corta la fuente se secarán. Además así se educa a todos en la denuncia de los hechos que no están bien.
    Un abrazo.

  4. Rosa 11 abril, 2017 at 11:33 Responder

    Kaixo David:

    Muy interesante artículo, es bonito ver un maestro implicado.
    Desde mi experiencia apuntaría algunas cosillas:
    -La persona acosadora no siempre elige personas débiles inteligente o emocionalmente , si no que cualquiera es “carne de cañón” a la hora de ser acosada.Esto es muy importante para que aquellas personas que sufren acoso no tengan la creencia de ser débiles y se sientan culpables por ello.Ya que esta es la principal causa por la que no denuncian la situación y la viven en silencio y soledad.
    -Lo de los medios tampoco creo que sea la causa principal.Es la sociedad en general, la indiferencia de las familias, la falta de tiempo y dedicación al trabajo moral y ético en los hogares lo que nos lleva a esta normalización de la violencia, en mi opinión.
    – La escuela tiene el deber de trabajar el mundo emocional del alumnado, pero poco podemos hacer en ella si no hay una correlación con los valores inculcados en las familias, que cada vez son más diversas y dispares.
    – Los últimos estudios también nos van llevando a dar con las claves para erradicar este tipo de situaciones y a revisar los protocolos, que últimamente se centran más en educar a los “mirones” .

    Muchísimos saludos y ánimos para seguir intentando hacer una infancia más feliz para una sociedad mejor.

    • David 11 abril, 2017 at 14:06 Responder

      Mil esker Rosa,

      Interesante ese punto de vista que das sobre que cualquiera puede ser carne de cañón, y más aún que alguien acosado puede sentirse más débil y solo de lo que realmente está. No había caído en ello.

      Desde luego, hay situaciones que son muy complicadas en algunos alumnos y es muy difícil trabajar con ellos emocionalmente. Incluso, depende de la situación, puede que se pueda hacer poco, como bien dices. Pero yo pienso que en general y en la mayoría de casos se puede hacer muchísimo trabajo, y que desde la escuela debe darse mucha más importancia a la educación emocional.

      Muchas gracias y muchos ánimos a ti también en ese objetivo de conseguir infancias felices y una sociedad mejor.

      Muxu bat!

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