Cómic

“Desde que han llegado los intelectuales, el cómic se ha convertido en arte”.

Recuerdo acompañar a mi padre, allá por finales de los 80, a comprar sus capitanes trueno a una minúscula tienda de tebeos en el corazón de Lo Viejo de Pamplona. Puede que en esas visitas naciese mi pasión por el cómic. Mi hermano y yo nos sumergíamos en aquellas cajas de cartón con miles de historias apasionantes, mientras mi padre charlaba con Julio sobre lo que estaba por salir. Si había suerte (siempre la había, realmente), nos íbamos de allí con algún tebeo: Zipi y Zape, Súper López, Transformers, Lobezno, Spiderman, Caballeros del Zodiaco, Dragon Ball… Hoy Julio Atienza nos abre las puertas de su tienda una hora antes de la apertura habitual, se sitúa detrás del mostrador, se pone su chaleco de cuero negro y nos advierte de que no somos los primeros que le vamos a entrevistar. No vamos con intención de hacer una entrevista al uso, sino que nos disponemos a charlar con él, sin un guión claro, sobre lo que surja: su negocio, autores, clientes, editoriales, el futuro del cómic… Con un tono alegre, bromista y desenvuelto, Julio habla sin tapujos y con naturalidad de su pasión.

Para mí, que tengo 34 años, TBO ha existido desde siempre, cuéntanos cómo nace TBO.

La Rosa (su mujer, que atiende por las mañanas) y yo empezamos por nuestra cuenta en 1983, y es que por aquel entonces apenas había cómics en Pamplona. Era muy difícil encontrar nada, podías ir a una tienda y te sacaban una pila de cómics que te ponían sobre el mostrador. “Aquí tienes chaval, tú busca”, te decía el dependiente. Y si un mes después volvías preguntando por el siguiente número te contestaba: “ah, no sé… esto es lo que hay”. Hasta que montamos la tienda, habíamos hecho algún pinito con la venta ambulante, movíamos cómics por mercadillos y por plazas, pero ya en el 83 nos decidimos a montar un local.

¿Cuál era el estado del cómic en aquellos años?

Los primeros pasos fueron complicados, muchas editoriales no estaban muy asentadas sino que estaban empezando. Planeta no llevaría mucho, un par de años, Ediciones 5 que sacaba material de la DC también estaba comenzando, la Norma no existía como editorial, existía la Nueva Frontera y acaba de nacer La Cúpula con El Víbora. Así que estábamos todos muy verdes, por lo que pensaba que iba a ser imposible llenar aquello. Para contactar con las editoriales había que ir a los salones del cómic, no era como ahora que tienes Internet, había que moverse mucho.

En aquella época tirábamos mucho de Bruguera, de Surco, de Vértice y mucho cómic de importación. Cuando abrí en el 83 aquí el manga casi ni existía, los superhéroes empezaban a distribuirse en condiciones… no se cuidaba el cómic en este país, se sacaba al tuntún, por lotes, de malas maneras. Fue entonces cuando empezaban a llegar cómics que hasta entonces sólo podía encontrarse en Francia o en otros países europeos. Lo que había mucho aquí eran tebeos y facsímiles españoles tipo El Capitán Trueno, El Jabato y todos esos, Mortadelo, Tío Vivo, tebeo de aventuras, etc. Pero el cómic franco-belga yo lo empecé a conocer aquí con 14 ó 15 (ahora tiene 58 años, por lo que estamos hablando de los años 70) a raíz de una revista que se llamaba Bravo que encontré en un quiosco del Ensanche. Ahí aparecían personajes como Spirou, Aquiles Talón…

Por aquella época también empezó a salir una revista que se llamaba Trinca, que contaba con dibujantes españoles y franceses, como Philippe Druillet, Hugo Pratt o Moebius, que encajaban con aquel formato.

Yo me iba a Francia y se me caía el alma a los pies. Te encontrabas tiendas diez veces más grandes que ésta, los supermercados tenían un apartado solo de cómics y luego venías aquí y había que vérselas y deseárselas para encontrar cualquier cosa. No podías cuidar dos números seguidos en la misma tienda, había que recurrir al cambio.

Recuerdo que cuando venía a TBO de crío esta zona de la ciudad “daba miedo”.

¡Cómo! (risas) ¡Pero si justo aquí al lado estaba el Frontón Labrit, para los aficionados a la pelota!. Ni que esto fuera el “barrio chino” de Pamplona, a mí no me han atracado nunca (más risas). El Casco Viejo tenía cuatro calles principales (Estafeta, San Nicolás, San Gregorio y la Calle Mayor) y el resto eran secundarias, ahora la cosa ha cambiado. Esto es la entrada a la Escuela de Idiomas, a un Centro de Salud, a las murallas…

Exacto, ahí quería llegar. El entorno ha cambiado, pero el interior de la tienda es igual que siempre.

Sí, la ciudad ha cambiado por completo. Lo que estaba de la Vuelta del Castillo hacia allá era campo y ahora son barrios totalmente integrados. Y es verdad que TBO sigue igual. A veces he pensado en hacer una reforma y me han dicho: ¡¡ni se te ocurra!!

Y mantener esa esencia intacta tras el paso de los años tiene mucho mérito.

Sí, y más a estas alturas de crisis. Al libro y al cómic la crisis les ha afectado como a todo. Y al mismo tiempo, les ha afectado Internet, a pesar de que al principio parecía que el libro digital no iba a arraigar. Aunque más que el libro digital, lo que ha pasado factura a las librerías y a las tiendas de cómics es la venta por Internet. Ahora tienes acceso a todo desde casa y la gente no se complica la vida, “quiero éste, éste y éste”, lo pides y lo tienes en dos días en tu casa. Por eso muchas librerías ya venden online. De todas maneras, el comprador habitual de cómics o el coleccionista es más exigente, quiere comprobar la edición y prefiere ir a una tienda física, pero tenemos que controlar que el margen sea el mismo de la tienda online, para que el precio no sea un factor determinante y el que se vaya a Internet lo haga por comodidad y no por precio. Sabemos que uno de nuestros puntos fuertes y con lo que ni Internet ni las grandes superficies puede competir es con la atención al cliente. Si me preguntan, contesto, no como las máquinas. Los dependientes de las grandes cadenas muchas veces dependen de lo que les dice el ordenador y si pides algo que no está ahí, ya te puedes olvidar, a veces no sabe ni de qué le hablas. Las grandes superficies tienen popurrís, tienen lotes y hay lo que hay. Si te falta el 3 y el 8 y allí no están, tienes un problema.

Imagino que el tipo de cliente más habitual es “el parroquiano fiel”, gente que acude de manera recurrente.

Yo tengo clientes que venían de chavales cuando yo abrí y ahora vienen con sus hijos (se ríe porque es exactamente lo que estoy haciendo yo en ese instante, he acudido a la entrevista con mi hija de 2 años). Esa gente valora mucho el servicio, saben que siempre han tenido todos los cómics que querían y dicen: “¿para qué voy a ir a otro sitio?”

Y para esta gente ya no es sólo comprar el cómic, sino “ir a TBO a comprar un cómic”.

Sí, vienes a echar la tarde, según qué día vengas se montan hasta tertulias. Preguntas, miras otras cosas, compartes impresiones con otros clientes… Aunque también suelen venir clientes accidentales. Al estar en la parte vieja de Pamplona, muchos turistas pasan por aquí y entran. Esto es el puro centro de Pamplona, la Catedral está ahí mismo y todo el que viene a visitar la ciudad pasea por estas calles y alguno acaba entrando. O también gente que entra o sale de la Escuela de Idiomas. Incluso el ser una zona de marcha nocturna hace que te caiga alguno que te dice: “pasé el sábado de madrugada y vi un cómic en el escaparate que tenía buena pinta”.

No hay muchas tiendas de este tipo. Ya nos has hablado de Internet como rival, pero ¿consideras al Corte Inglés o a las grandes librerías como competencia?

Claro, todo es competencia. Y más aún desde la llegada de las novelas gráficas, entre comillas porque novela gráfica lo es todo. Cuando yo abrí existía el tebeo de grapa o comic book y la novela gráfica, que tenía aspecto de libro. Lo que ocurre es que los intelectuales se han metido en este mundo en los últimos años y han decidido que el cómic tiene que estar en las librerías generalistas. ¿Qué cómic quieren meter ellos? Quieren meter un cómic que cuente “algo más” o simplemente aquéllos que han ganado premios en festivales especializados. Para mí, el cómic tiene que tener sí o sí cierta calidad de dibujo, aunque sea abstracto. Recuerdo que aquí, cuando comenzó a celebrarse el Salón del Cómic de Pamplona se trajo como estrella a Joaquín Reyes, que había hecho un cómic de una piedra. El mismo dibujo de la misma piedra en cada viñeta, sólo cambiaba el texto de los bocadillos. Eso no es un cómic, desde mi punto de vista, es otra cosa, es humor gráfico.

¿Qué novela gráfica representa eso que dices tú de que ha atraído a gafapastas que hasta entonces no estaban vinculados al mundo del cómic?

Tienes la más famosa de todas, la única que ha ganado un Premio Pulitzer: Maus. Gráficamente es feúcha, el dibujo es simple, pero el guión es muy bueno. En la misma onda está Persépolis. El dibujo no es nada del otro mundo pero cuenta una historia muy bien.

¿Y dónde estaría Contrato con Dios, de Will Eisner?

Eso es una obra de arte. ¡Pero no me dirás que el dibujo es feo! Cada página es arte puro. Pero es que nos estamos enfrascando en un debate que no lleva a ningún lado sobre la etiqueta de qué es y qué no es una novela gráfica. Aquí antes todo eran tebeos o incluso historietas, daba igual un Mortadelo que un Tintín. La influencia americana hizo que fuésemos llamándolo luego cómics. En Francia son bandes dessinées y en Italia fumetti. No veo que el interés en un debate sobre el nombre: cómic, tebeo, novela gráfica… al final es todo lo mismo. El nombre cómic viene del inglés, de aquellas primeras tiras cómicas que traían los periódicos, como Yellow Kid o Little Nemo. Lo estrictamente humorístico fue dando a paso a las aventuras, y metían a Flash Gordon o a Tarzán y luego a lo que conocemos hoy en día, así que el nombre es lo de menos.

Viñeta de El arte de volar, Kim-Altarriba

Y estos intelectuales que entran al mundo del cómic por moda, ¿se quedan?

En el cómic hay dos tipos de clientes: el coleccionista, que compra habitualmente y disfruta yendo a comprar y el esporádico, que está muy influenciado por la prensa o por Internet. Estos últimos vendrán a pedirme los premiados en el Salón del Cómic de Barcelona, ¿lo hacen porque le gustan ésos cómics en concreto? Pues probablemente no, es porque es más fácil acertar, seguro que los premiados tienen calidad en alguna de sus facetas. Los ganadores del Premio Nacional del Cómic en 2008 y 2010, respectivamente, Arrugas de Paco Roca, y El Arte de Volar, de Altarriba-Kim, son cómics que los lees y ves que merece la pena, aunque a veces también te encuentras obras que no están a la altura. Y tú pregunta a un intelectual de esos a ver si es capaz de citarte otro título de Paco Roca… Desde que han entrado los intelectuales, el cómic se ha convertido en arte, cuando hace tres décadas si alguien te veía leyendo el Bésame Mucho o el Makoki se pensaba que eras un drogadicto. Eso es algo que me fastidia de estos nuevos lectores de cómics, que antes era una afición de colgaos ya ahora ellos mismos le han puesto la etiqueta de arte, pero sólo a lo que ellos consideran, porque para muchos los superhéroes son unos tíos con leotardos.

Y precisamente, el dibujo en el género de superhéroes es donde alcanza su máximo esplendor.

Ahí tienes a Mignola, a Gaiman o a Mikel Janín, que es de Pamplona y está dibujando para DC. Todos ellos son dibujos de gran calidad. El problema con estos cómics en los que el dibujo se trabaja tanto es que les cuesta mucho hacer uno nuevo y luego te los lees en media hora. Para mí el dibujo es muy importante. Ahí es donde discrepo mucho con la Rosa. A ella le encanta la novela gráfica y a mí no tanto, si no me entra por el dibujo tiene que ser una joya. Me cuesta mucho leer un cómic que no me entre por el ojo, y cuidado, que a veces me he sorprendido de obras que de primeras no hubiera leído.

Has mencionado a Paco Roca y a Kim, ¿cómo calificarías el estado del cómic nacional ahora mismo?

Creo que goza de buena salud, pero no sólo en nacional, sino el mundo del cómic en general. El mercado es amplísimo, de todas las nacionalidades, géneros… hay hasta demasiada oferta. Con todo lo que hay, al que no le guste lo que se publica es porque no le gusta el cómic. Cada editorial se va especializando, por ejemplo Astiberri apuesta por la novela gráfica casi exclusivamente. Sin embargo, Norma va más hacia el cómic de autor. Planeta va hacia los superhéroes, al igual que ECC. Pero al mismo tiempo, también ocurre que las editoriales se hacen grandes y tienen sus apartados de otros estilos, no están tan cerradas como hace unos años, cuando por ejemplo la Fórum sólo publicaba Marvel.

Hablando de cómic nacional no podemos olvidar a Juanjo Guarnido y su obra Blacksad, que es una auténtica obra de arte, uno de los mejores cómics que se han visto en los últimos años. De hecho, el guionista de Blacksad, Juan Díaz Canales, ha hecho el nuevo Corto Maltés junto con Rubén Pellejero, y visto el resultado, nadie diría que es “el nuevo”. Hay mucha calidad hoy en día. Entonces, ¿qué es lo que pasa en este país? Que se sigue considerando al cómic como algo secundario, no me atrevo ni a decir “un arte” secundario. En Francia, de Blake y Mortimer, por ejemplo, puede haber una tirada fácilmente 10 veces superior a la de aquí. Hay gente que te ve leyendo un cómic y te dice ¿cómo puedes leer eso? Y el que pregunta se va con el Marca debajo del brazo. Este es el nivel cultural y todo esto influye en el mercado, y afecta a los dibujantes. Muchos han tenido que salir fuera de España, como Janín o Pacheco, por decir un par, y trabajar para Estados Unidos o para Francia y otros que se han quedado no viven sólo del cómic.

¿Qué pasa con los jóvenes y los cómics? Yo recuerdo que, de chavales, quien más quien menos leía cómics, aunque fuese algún Mortadelo o Astérix que estuviese por casa.

Una de las cosas que cada vez escasea más es la gente muy joven. Con Internet y los videojuegos los jóvenes ya no se sienten atraídos por este mundillo. Para mí de pequeño un tebeo era la hostia, me pateaba Pamplona para conseguir un tebeo, ahora eso no pasa. Ahora los críos que entran al cómic lo hacen por lo que ven en la televisión, que suele ser el manga o, más recientemente por los superhéroes, que están teniendo una segunda juventud. De todas maneras, lo que más tirón tiene entre los chavales de 18 años para abajo es el manga. También es cierto que para muchos es una puerta de entrada, empiezan por el cómic japonés y luego van evolucionando hacia otros estilos. Es verdad que cuando empezamos teníamos la tienda llena de chavales, ahora te viene alguno con su madre y se sube por las paredes cuando le dices que un Spiderman cuesta 20 euros. Y encima los pocos que vienen ahora son los raritos del cole, les gusta el blues o el rock que pongo de fondo. Les pregunto, “¿no os gusta el rap o estas mierdas?” Y me dicen: “qué va, yo soy el raro de clase”. La tecnología es un gran enemigo, el precio también es otro factor que juega en nuestra en contra.

Dices que a los lectores más jóvenes les gusta el manga, ¿dirías que se vende más cómic japonés que de otras nacionalidades?

Todo se vende porque cada cosa tiene su público. Ni todo se vende muy bien ni nada se vende mal, ahora se vende de todo. Y es que, hablar de manga así a lo bestia es generalizar demasiado, ya que tienes desde cómics infantiles, para chicas, de aventuras… A mí uno de los mangas que más me ha gustado ha sido Monster, de Naoki Urasawa, un thriller brillante, y también del mismo autor 20th Century Boys. Y ahora también está pegando fuerte Junji Ito dentro del cómic de terror. Vamos, que es mucho más que Dragon Ball y Heidi, que es lo que todavía muchos se piensan. También me parece imprescindible Akira, aunque al final Otomo se liara la cabeza y tuviera que recurrir a Jodorowsky para cerrar la serie, que es un gran guionista pero que también tiene problemas para poner punto final a las historias, así que no voy a decir nada más sobre Akira (risas). A veces al manga le cuesta terminar, es algo habitual.

¿Es el cómic un mundo masculino?

No. Yo, dentro de la sección manga, lo que más tengo son clientas. En el superhéroe quizás sí que haya más chicos que vengan a comprar, pero también chicas, no te creas. Tengo varias chicas jóvenes que vienen puntualmente a por su Thor, e incluso he visto a chavalas que compraban mangas gays porque les gustaban los chicos que salían. En cuanto a dibujantes femeninas también hay muchas. De nuevo, dentro del manga hay muchos ejemplos: Rumiko Takahashi, la de de Ranma ½. El manga sí que tiene secciones dirigidas directamente a chicas, pero en Europa no ocurre tanto.

En el contexto de la novela gráfica tenemos a Marjane Satrapi, la autora de Persépolis, una joya, o Kate Charlesworth con Sufragistas. En otro ámbito, Thor ahora es una mujer. Ya que hablamos de género, destacaría a Ralf König y su obra El condón asesino, que fue galardonada en el Salón del Cómic de Barcelona como Mejor Obra Extranjera, cuya argumentación está dentro del mundo gay y hace una dura y divertida crítica a la sociedad y a la represión sexual del final de siglo.

¿Se hacen cómics malos?

Claro. Tú piensa que hoy se hacen y se venden más cómics que nunca, lo que significa que se hace mucho bueno pero también mucho malo. Yo he leído cada cosa que, madre mía, no había por dónde cogerla. Y también he aconsejado cómics que a mí me han gustado mucho y luego me han dicho: “¿pero cómo me has podido recomendar esa mierda?” Hay que tener en cuenta que es un tema muy personal, depende del tipo de lector, de sus gustos. Si tú eres un friki de los superhéroes quizás no disfrutes igual de otro de aventuras, o alguien que sólo lee manga no se sienta atraído por el cómic de autor. Pero no hay que olvidar que lo bueno es bueno, independientemente de lo que te guste. Ahora hay mucha variedad, por lo que casi siempre encontrarás a un lector para cada tipo, pero lo que es malo de verdad se va a pique seguro. Antes de la crisis la gente sí que se tiraba más a la piscina, se compraba para probar, pero en los últimos diez años se selecciona mucho más y te encuentras con cosas magníficas que no se venden.

Si hay obras que consideras universalmente buenas, ¿cuáles recomendarías para cualquier lector?

El arte de volar, de Altarriba y Kim, hay que leerlo. Los surcos del azar, de Paco Roca, también es de lectura obligada. El Incal, de Moebius es una joyita. Blacksad, Contrato con Dios, Jiro Taniguchi…

¿Crees que hoy en día hay personajes que trascenderán, como en su día ocurrió con Astérix, Tintín, Son Goku o Mortadelo? Personajes que hoy son casi “patrimonio de la humanidad”.

Pues ahora me has jodido con esta pregunta. Tú ten en cuenta que ahora se está reeditando mucho. Relativamente nuevo se me ocurre Buddy Bradley, el protagonista de Odio, del autor Peter Bragge. Pero no es lo mismo, el personaje se utiliza para describir la sociedad de Seattle del momento, no es el mismo grado de carisma que pueden tener los personajes que citabas en la pregunta. Hay obras concretas hoy en día que son magníficas, pero no se centran tanto en un personaje así. En el cine ocurre un poco igual, si lo piensas bien. Ya no hay nuevos C3PO’s, pero ni en el cómic, ni en el cine, ni en los videojuegos… Quizás en el mundo de los superhéroes pudiera haber algo así, aquí sí que salen nuevos personajes, ahora han salido Los Vengadores indignados, como si fueran de Podemos (risas).

Creo que todo el mundo asocia TBO a Julio Atienza, casi como un binomio inseparable, ¿qué pasará con TBO una vez que te jubiles?

¡Primero vamos a pensar que me pueda jubilar! A mí me gustaría que se encargase alguno de mis dos hijos, pero el miedo no es tanto quién se ocupe sino que las editoriales se vayan a pique, o que Internet haga más daño. Tengo clientes a los que me encuentro por la calle después de mucho tiempo sin verles por la tienda y me dicen que ahora compran por Internet, que es muy cómodo. Me gustaría venir como jubilado a comprar tebeos aquí, mis hijos están por la labor de darme ese gusto, pero los problemas son otros.

***

Y así, charlando y charlando, una hora después de haber comenzado, los primeros clientes llaman a la puerta y ponemos fin a la entrevista. Curiosamente, se trata de un chico y de una chica de unos 16 años. Tal y como saludan al entrar, da la sensación de que son habituales, se les ve sueltos en la tienda… quizás todavía haya esperanzas en las próximas generaciones.

 

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Inaki Jauregui

3 comments

  1. Inma 4 Mayo, 2017 at 15:04 Responder

    Has hecho un buen resumen de aquella entrevista, aunque fácil no habrá sido poner en orden todo lo que hablasteis. El bueno de Julio.¡ Vaya recuerdos! Puede servir para animar a los que no conocen TBO a que vayan a visitarla. Es como cuando vas de turista a otra ciudad y te encuentras alguna tienda de lo que sea que es como una reliquia del pasado. Merece la pena verla y ya de paso comprar algo.
    Un abrazo

  2. Isis 4 Mayo, 2017 at 15:48 Responder

    Muy interesante y amena entrevista. Yo sólo conozco a “la Rosa”, pero he oído hablar tanto de Julio… Hace mucho que no paso por la tienda, pero recuerdo mis mañanas de pasarme a por los de ” 20 century boys”. Enhorabuena Iñaki!

  3. Aritz 5 Mayo, 2017 at 09:09 Responder

    Sin duda, las visitas a TBO los viernes a la tarde con mi hermano y mi padre, de los mejores recuerdos de infancia.
    Julio, si lees esto, ¡no cambies! Es un pequeño lujo pas una ciudad como Pamplona tener una tienda como esta. TBO tiene que seguir tal y como es hasta el fin de los días.

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