Pensad en las tribus urbanas. Si nacisteis antes de 1985 puede que hayáis pertenecido a alguna. Tal vez no fuerais del todo conscientes, pero es probable que en algún momento os encontraraisdentro un grupo homogéneo de gente que compartía algo aparentemente superficial (ropa, peinado, música) como un vínculo, por vago que fuera. Especialmente entre los años 60 y 90 del siglo pasado, las tribus urbanas se multiplicaron y se fueron sucediendo al ritmo de las modas, y muy especialmente de la música popular. Esa música solía ser el factor de identidad más importante,el que trazaba la línea que separaba a punks de hippies.

Las tribus urbanas no solían ser exactamente ideológicas; su personalidad grupal se definía más bien por elementos políticamente irrelevantes aunque podamos decir que esa neutralidad ya era, en sí, la representación de una cierta ideología. Por supuesto, hippies y punks eran más aptos para adoptar posiciones políticas, aunque tampoco podemos olvidar que la estética mod incorporaba una afirmación de clase en toda regla… De todas maneras, las escenas tribales no eran tan consistentes y podían terminar acogiendo elementos ideológicos antagónicos; el punk sirvió como escenario indistinto para el hardcore libertario y el whitepower más cafre.

Las tribus urbanas fueron un fenómeno fascinante hasta que la industria de la moda decidió disolverlas y convertirlas en movimientos transversales de consumo: admitámoslo, ser hipsters no nos convierte en mucho más que en potenciales clientes de turbios negocios de comida orgánica o talleres de reparación de bicicletas.

Sin embargo, la realidad es que en el pasado hubo momentos en los que la pertenencia a un clan definido por algo tan aparentemente inocuo como la música era importante. Había una identidad que hoy puede resultarnos algo ingenua, pero que tenía un claro significado para quienes la compartían. E incluso hubo épocas en las que la tribu podía ser perseguida. Y no os hablo de las peleas de entre mods y rockers en las playas de Brighton, hablo de que os pudiera detener la Gestapo. Esta es la historia de los zazous.

Zazou no significa nada. Es un traslación al francés del título de una canción de Cab Calloway (Zah Zuh Zah). Pero también es una declaración: los zazous eran adolescentes franceses que imitaban con un toque europeo la estética Zoot Suit norteamericana, escuchaban jazz y se reunían en los sótanos de los clubes parisinos. Largas chaquetas de cuadros, pantalones anchos, bigotes finos al estilo de Clark Gable, tupés encerados, faldas cortas, medias a rayas y, especialmente, pelo largo. Incluso tenían una forma de andar característica, siempre apoyados en un paraguas que llevaban consigo aunque no lloviera. Muchos presumían de vegetarianos y pusieron de moda los zumos de frutas. Los había en Montmartre reunidos para escuchar a Django Reinhart, había otra facción canalla en el Barrio Latino. No estaba mal si vivías en la capital más liberal de Europa, tenías algo de dinero en el bolsillo y pocas preocupaciones. Incluso si fallaba lo del dinero en el bolsillo. Pero todo se complicó de golpe el día en que el ejército nazi tomó París y ordenó el toque de queda.

La historia de los zazous es la historia de la ocupación de París, aunque también la de otras ciudades francesas durante la guerra. Los nazis mantuvieron la vida nocturna de la capital, interesados en crear un clima de normalidad civil para atraerse en la medida de lo posible a los franceses. Aunque tenían sus manías: la música degenerada de los negros no era de su agrado, el jazz desapareció rápidamente de todos los clubes de la ciudad y de las emisoras de radio.

Los zazous perdieron su música y no salieron bien parados en ningún frente. El gobierno colaboracionista de Vichy los puso en la lista negra por su estética, los tildó de vagos y los colocó bajo sospecha por sus simpatías anglosajonas. Los zazous eran ambiguos y poco fiables, ejercían una influencia perniciosa sobre la salud moral de la juventud francesa. Escuchaban música prohibida, sus ídolos eran músicos negros americanos, incluso había homosexuales que no ocultaban su condición entre ellos. La Jeunesse Populaire Française, organización política filofascista amparada por Vichy, los convirtió en sus objetivos preferentes: los zazous fueron declarados judeo-gaullistas y pasaron a ser objeto de redadas, detenciones o palizas. Caricaturizados y despreciados, los zazous fueron escogidos como representación de la decadencia hasta el punto de que, el 27 de marzo de 1942, se publicó un decreto que obligaba a llevar el pelo corto; desde ese momento, llevarlo largo fue legalmente antipatriótico. También se acabó con la indumentaria de los zazou; la tela escaseaba y fue racionada, imponiéndose una moda tosca de corte militar.

Pese a ello, la Resistencia no les tuvo en mejor estima: los zazous eran considerados indolentes, apáticos, irresponsables. Vivían para bailar jazz en lugar de combatir a los nazis, se declaraban pacifistas y eso -mientras los alemanes deportaban judíos y fusilaban disidentes- era poco menos que connivencia con el enemigo.

Solo algunos se atrevieron a lanzar un desafío irónico y peligroso: cuando el mando alemán obligó a los hebreos franceses a identificarse bordando una estrella amarilla en su ropa con la palabra “judío”, ellos decidieron coser una en sus chaquetas anchas en la que se leía “budista”, “goy” (gentil) o “zazou”. Para la gendarmería eso no tuvo ninguna gracia, y las detenciones se multiplicaron.

En agosto de 1944 el ejército americano entró finalmente en París. Llegó De Gaulle y cayó Vichy. Los clubes de jazz volvieron a abrir sus puertas ydecenas de soldados americanos subieron a sus escenarios tocando nuevas canciones, pero los zazous no recuperaron su sitio. Aún había racionamiento y demasiadas tensiones; puede que los nazis hubieran salido corriendo, pero se habían dejado un montón de nubarrones olvidados sobre el cielo de París. Toda Europa estaba destrozada, los cementerios rebosaban y la fiesta había terminado. Los zazous relajaron su estética y comenzaron a mezclarse con los intelectuales de Saint-Germain-des-Prés en cafés como el Lipp, el Flore o Les Deux Magots. Sartre bebía pastissey Boris Vian tocaba la trompeta. Incluso Camus describió a un grupo de zazous supervivientes en su novela “El extranjero”. El uniforme cambió, ahora se llevaba el pelo desordenado (para ellas, corto), la camisa abierta, calcetines de colores. El jazz seguía ahí, pero también había cambiado dejando atrás la alegría del swing.

Y así es como los zazous terminaron desapareciendo.

No hay demasiada bibliografía sobre los zazous en español, pero debo recomendar “Swing contra el nazi”, un fascinante ensayo de Mike Zwerin sobre la resistencia musical al Tercer Reich a través del jazz y el swing en toda la Europa ocupada. Publicado por Es Pop Ediciones.

Ana María Iglesias Botrán publicó en 2015 “Y lo cantábamos por ti, Historia de Francia a través de sus canciones”, otro ensayo brillante en el que los zazous tienen protagonismo. Editado por la Universidad de Valladolid.

Thomas Carter dirigió en 1993 “Rebeldes del swing”, película ambientada en la Alemania de 1939 sobre los swing jugend, jóvenes amantes del jazz americano bajo la dictadura nazi, auténticos zazous alemanes.

En 1985, Pet Shop Boys publicaron “In the Night“, una canción sobre un zazou perseguido a cuya puerta alguien llama en mitad de la noche.

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3 comments

  1. Inma 16 Mayo, 2017 at 12:09 Responder

    Lenoir qué artículo tan majo. No tenía ni idea de la exixtencia de los zazous. La de cosas de las que me estoy enterando con utepils. Sobre la colaboración francesa con los nazis habrá también historias tristes, curiosas…que contar. Lo de la gran redada es impresionante, cuando les llevaron a un velódromo a miles de judíos,etc.
    Un abrazo.

  2. JM Lenoir 16 Mayo, 2017 at 14:38 Responder

    Hay un libro que no he incluido en la pequeña bibliografía del final (los zazous apenas aparecen mencionados en él), pero que es totalmente recomendable, “Y siguió la fiesta”, de Alan Riding. Es una crónica enorme de la vida cultural parisina bajo la ocupación nazi en la que se examina cómo enfrentaron artistas e intelectuales la invasión alemana y se pasa lista a los que tuvieron una actitud de plena colaboración (Drieu La Rochelle, Vallat, Brasillach e incluso Céline), los que fueron cuando menos ambiguos (Cocteau o Coco Chanel), algunos que se hicieron resistentes solo cuando vieron al primer soldado americano bajo su ventana (Sartre) y otros que fueron dignos (Camus, Mauriac o Aragon)… Hay casos bastante dudosos como Maurice Chevalier o Édith Piaf, e historias como la de Django Reinhart, que era gitano pero prefirió quedarse en París. También otras tremendas como las de Irène Nemirovsky, que murió en Auschwitz.

    https://www.casadellibro.com/libro-y-siguio-la-fiesta-la-vida-cultural-en-el-paris-ocupado-por-los-nazis/9788481099423/1877142

    El libro de Mike Zwerin que reseño se titula “Swing frente al nazi”, y no “Swing contra el nazi”, ha sido una errata mía.

    “In the night” de Pet Shop Boys es una cara b que aparece en el single de la canción “Opportunities (Let’s Make Lots Of Money)”. Fue remezclada en 1986 por Arthur Baker e incluida en “Disco”, y de nuevo (aunque esta vez en la versión original) en su recopilación “Alternative” (1995).

    https://www.youtube.com/watch?v=wpmtGYOJrjA

  3. Inma 17 Mayo, 2017 at 10:37 Responder

    Gracias por la información. Lo tendré en cuenta . La historia de Nemirovsky ya la conozco, bien triste por cierto.
    Saludo

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